Gran cuñado y la antipolítica

Por Jorge Gómez
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El éxito de ShowmatchGran cuñado se ha convertido en un espacio decisivo para dirimir posiciones en la campaña electoral que estamos viviendo. Por ejemplo, cuando el Acuerdo Cívico y Social se queja porque Marcelo Tinelli no incluyó a Margarita Stolbizer entre las figuras de “la casa” y en cambio presentó al imitador de Mauricio Macri como “el principal opositor”, está aceptando que el programa emitido por Canal 13 da visibilidad y construye una parte importante de la imagen del candidato.

Para guardar las formas suele decirse que “el público no es tonto y sabe que todo es mentira”, pero nadie se lo cree. Personajes que fueron presentados de manera negativa (Julio Cleto Cobos, Carlos El Lole Reutemann, Luis D’Elía) lamentan en privado el maltrato; sin embargo se cuidan de confrontar con Tinelli por temor a ser ridiculizados por “su falta de humor” en las decenas de noticieros y programas que repiten la parodia.  

Para aumentar la confusión, en los últimos días los políticos “reales” han ingresado al espacio televisivo y han confrontado con los imitadores. De esta manera el ex presidente Carlos Menem, Felipe Solá, Francisco De Narváez, Gabriela Michetti, Daniel Scioli y el mencionado Macri entre otros, pasaron y hablaron de política como si estuvieran entre pares, y no rodeados por un grupo de actores cómicos. 

Solá encaró al imitador de De Narváez por no haberlo incluido en los spots de campaña, mientras que el gobernador de la provincia de Buenos Aires le dijo  “Francisco, basta de verso”. Unos días después Michetti explicó (allí, no en los sitios naturales de la comunicación política) el motivo por el cual Solá no participaba de las publicidades conjuntas.

Corremos el gran riesgo de confundir imitadores con imitados

Esta mutación de un programa cómico en un ámbito de comunicación de campaña tiene que ver –me parece– con la profunda debilidad que los partidos políticos sufren en el país, con el imparable crecimiento de lo que suele llamarse “la antipolítica”. Cualquier intento de participación en la cosa pública que reconozca la lucha y los programas y herramientas políticos para conquistar el poder son inmediatamente rechazados por el discurso mediático dominante. En todo caso, se accede al Gobierno pero se oculta la ideología (sólo importa ser honesto) y la condición de político, casi una mancha.

La participación de los candidatos a diputados en Gran cuñado y la buscada confusión entre políticos reales e imitadores se convierte –en mi opinión– en la culminación de la “antipolítica”. Es posible que debamos buscar las causas de la degradación de la actividad política mucho antes de este programa y que, en definitiva, sólo haya que reconocerle a Tinelli la capacidad de detectar “los flujos de simpatía y rechazo de los espectadores”.

Pero la dirigencia política argentina debería reaccionar antes de seguir confundiendo la campaña política con un programa de televisión. Si nadie se anima a rechazar la parodia, y todos confundimos a los imitadores con los imitados, finalmente no podremos distinguirlos.