Moc y Poc

A principios del mes pasado, los señores Moc y Poc decidieron abandonar el circuito literario y trasladarse al Teatro Sarmiento de la Ciudad de Buenos Aires para contactarse cara a cara con los chicos (“mayores de 7 años”, advierten el programa y los afiches promocionales). El cambio de carnadura entre la celulosa y ¿la goma pluma? les sienta muy bien, ante todo porque el diseño de Alejandra Farley y Juan Benbassat y las voces de los miembros del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín los hicieron adorables.

En honor a la verdad, estos dos ¿vecinos?, ¿colegas?, ¿amigos? dueños de ideas ocurrentes y dicción impecable no emprendieron solos la aventura sobre tablas. Para empezar, su creador Luis Pescetti dio el visto bueno para que Román Lamas y Lorena Barutta adaptaran el libro original, y luego Ioia Kohakura se encargó del vestuario; Miguel Morales de las luces; Roberto López de la música y Alejandra Castillo, Alejandra Farley, Hernesto Mussano, María José Loureiro y Daniel Spinelli, de las interpretaciones.

Moc y Poc, en el Teatro Sarmiento

A todos ellos les debemos la mágica zambullida en aguas de la lógica pura (propia de la infancia) y también más irrebatible (a prueba del ingenio adulto). A ellos y a los protagonistas que comparten observaciones y conjeturas similares a las que supimos desarrollar cuando fuimos niños, y que lamentalmente perdimos a medida que crecimos y -craso error- nos creímos más inteligentes, más sabios y más vivos.

Los mayores de 7 años nos reímos ante diálogos y situaciones que consideramos desopilantes, absurdos. Los más chicos quedan extasiados ante una luna que imanta el escenario, ante un señor que flota en el aire por comer naranjas, ante la ardilla empecinada en defender su territorio de posibles intrusos, o ante un jovencito que asegura llamar desde Saturno.

Los adultos nostálgicos creerán ver en Moc y en Poc a fieles exponentes de El Show de los Muppets. La apariencia del primero parece inspirada en la de los viejitos criticones, pero esta versión autóctona carece de la malicia que tanto caracterizó a la inolvidablemente despiadada dupla del palco.

El libro original, de Luis PescettiOtra diferencia con el legendario programa de TV: las intervenciones de personas de carne y hueso funcionan como separadores entre actos. Dicho de otro modo, las tres presentadoras no interactúan con los títeres (ni con el rostro animado de La Gioconda) sino con el público.

Indiferentes a la mayoría de edad que sugieren el programa y los afiches promocionales, los amantes de títeres y marionetas disfrutarán de la versión teatral de Moc y Poc. Aún mejor, quizás la experiencia los aliente a desandar el camino emprendido por estos dos ¿vecinos?, ¿colegas?, ¿amigos?, y por lo tanto les permita reencontrarlos en su lugar de origen, rodeados de papel, letras y dibujos.