Los fantasmas de Goya

Los fantasmas de GoyaSi desconfía de las mega-producciones que se jactan de contar con un elenco internacional; si detesta escuchar distintos idiomas en una película cuyos personajes (principales y secundarios) comparten un mismo suelo y una misma nacionalidad; si descree de los actores hollywoodenses trasladados a un contexto/escenario europeo dieciochesco; si les escapa a los folletines cuyo pivote narrativo gira en torno a una personalidad histórica reducida a la mínima expresión, la cosa es muy sencilla: Los fantasmas de Goya no es para usted.

Le costará digerir esta conclusión a quien conserve el dulce recuerdo de Amadeus, y por lo tanto espere que el guionista y director Milos Forman reedite con Goya el éxito que consiguió gracias a Mozart. Padecerá más complicaciones quien haya visto el conmovedor homenaje que Carlos Saura le dedicó al pintor zaragozano una década atrás.

Aunque se trate de un rol secundario, Stellan Skarsgård no puede convertirse en don Francisco. Para empezar, no tiene el «physique du rôle» ni siquiera con nariz postiza. En segundo lugar, los parlamentos escritos/dichos en inglés americano arruinan cualquier intento de mimetización. Para terminar, el célebre artista plástico le queda demasiado grande a un actor acostumbrado a encarnar personajes anónimos, casi intrascendentes.

Aunque tenga dos oportunidades para lucirse (como madre y como hija de esa madre), Natalie Portman no puede convertirse en damisela española. Le falta el porte; le falta el idioma (otra vez); le sobran la tintura y los dientes postizos que pretenden transformarla en mujerzuela digna de alguna zarzuela.

Aunque su nacionalidad, su lengua madre y su prestancia deberían jugarle a favor en un largometraje ambientado en la España de la Santa Inquisición, Javier Bardem se luce poco y nada. Por un lado, compone a un Lorenzo estereotipado, villano-villano con cara de villano. Por el otro, se esfuerza demasiado en pronunciar un inglés libre de acento español, lo cual acentúa la contradicción de interpretar a un compatriota en idioma extranjero.

Es probable que los amantes del cine francés descubran a Michael Lonsdale detrás del intrigante Padre Gregorio. Su inglés con acento galo es otra prueba de que Los fantasmas de Goya es una entre tantas mega-producciones reconocibles, con suerte, por su elenco internacional.

Desde un punto de vista menos cholulo, éste es un ejemplo de engendro pergeñado para las pantallas globalizadas, que usted -espectador detallista, desconfiado, odioso, descreído, huidizo- hará muy bien en ignorar.