Les plages d’Agnès

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Espacio BAFICI 2009
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Las playas de AgnèsHermosa película, la de Agnès Varda. A diferencia de su colega y congénere francés, la fotógrafa y cineasta belga sabe reinterpretarse, reinventarse, renovarse a fuerza de talento, originalidad y naturalidad. Así lo demuestra el homenaje que les rinde a las playas, sus playas, paisajes de arena y mar cuya inmensidad permite proyectar la reconstrucción de una trayectoria personal y laboral, signada por el amor, la pasión y la creatividad. 

Les plages d’Agnès ignora deliberadamente las limitaciones del género autobiográfico, quizás porque cuenta otras historias además de la de su realizadora. El gran rompecabezas que arma a partir de recuerdos evocados (algunos recreados), de fotos desempolvadas, de películas filmadas, de exposiciones organizadas, de testimonios editados también se prolonga en un sentido histórico y cultural.

La veta histórica nos permite repasar algunas implicancias de la Segunda Guerra Mundial y reencontrarnos con los protagonistas de algunos movimientos sociales: hippies, panteras negras, feministas. La veta cultural o artística permite desandar los caminos de la cinematografía francesa, incluído el fenómeno conocido como «nouvelle vage».

Con 80 años muy lúcidos y bien llevados, Varda no le teme a nada. Ni a los primerísimos primeros planos, ni a la multiplicación de espejos (y reflejos), ni a la ocurrencia de disfrazarse de papa, ni a la posibilidad de hablar con la gigantografía de un gato anaranjado, entre animado y robotizado.

Los rostros de Gérard Philippe, Philippe Noiret, Catherine Deneuve, Jane Birkin, Gérard Depardieu, Jean-Luc Godart, Sandrine Bonnaire, Jacques Demy, Charlotte Gainsbourg, Alain Resnais, Chris Marker, Michel Piccoli, Jim Morrison, Harrison Ford, Robert De Niro se integran a este patchwork de la memoria. Agnès les dedica toda su admiración, su cariño y sus lágrimas.

La oleada de recuerdos, anécdotas, deseos, ocurrencias, confidencias sacude, estimula, conmueve a los espectadores. Quizás por eso las playas de Agnès trascienden la identidad de «autodocumental» y se convierten en un paisaje entrañable e inolvidable para los cinéfilos que, además, adoran el mar.