35 rhums

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Espacio BAFICI 2009
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... o 35 tragosAcostumbrados a un cine donde la acción suele ser sinónimo de violencia y/o tragedia, algunos espectadores esperamos que en 35 rhums o 35 tragos pase algo terrible, destinado a romper o arruinar la armonía del vínculo paterno-filial entre Lionel y Joséphine. Sin embargo, la película de Claire Denis no sólo preserva esa relación sino que busca asignarle un protagonismo inalterable, encomiable, envidiable.

Los analistas freudianos encontrarán que la guionista y directora francesa describe el fenómeno edípico a la perfección. La convivencia poco habitual entre un padre viudo y su hija ya adulta sirve de excusa para concentrar en un solo espacio físico (el hogar) la ternura, la comprensión, la atención que se prodigan los dos protagonistas.

El celo eventual aparece fuera de esas cuatro paredes, cuando Lionel conquista a la dueña de un restaurant o cuando Joséphine le devuelve un beso a Noé. Por lo demás, los protagonistas constituyen una suerte de epicentro alrededor del cual giran vecinos y compañeros de trabajo.

Lo curioso de este amor paterno-filial es que, por un lado, repele posibles intrusiones pero, por el otro, atrae -incluso contagia- a quienes transitan su órbita. De ahí la incondicionalidad de los periféricos Gabrielle y Noé.

35 rhums también propone el fresco de la Francia (o mejor dicho, del París) que los franceses (parisinos) les conceden a los inmigrantes provenientes del Tercer Mundo. De esta otra manera, un poco más allá del departamento, Lionel y Joséphine se preservan de la contaminación externa.

Un guión sugerente (poco verborrágico), actuaciones convincentes (se destacan Alex Descas, Mati Diop, Nicole Dogue y Grégoire Colin) y una buena fotografía son las virtudes principales del trabajo de Denis. La más grande de todas es su capacidad para demostrar que el cine puede cautivar aún cuando se permite prescindir de la violencia y/o la tragedia.