El último verano de La Boyita

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Espacio BAFICI 2009
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En honor a la verdad, cuesta mirar El último verano de La Boyita sin tener presentes a La rabia y XXY. Quizás por eso quienes vimos las películas de Albertina Carri y Lucía Puenzo nos sentimos ante una suerte de «déjà vu» suavizado cuando asistimos a la historia de amistad/amor que Julia Solomonoff ambienta en el campo argentino y que relaciona con la problemática del hermafroditismo (un hermafroditismo falso en este caso).

A la directora de Hermanas y productora de Cocalero le interesa más contar la relación entre dos pre-púberes que retratar el contexto rural y/o analizar la cuestión de género/sexual. Pero aún así el mayor problema de su propuesta sigue siendo el precedente que sus colegas sentaron en 2007 y 2008.

A falta de afiche oficial, una foto de los chicos protagonistas:

Solomonoff evita la ferocidad de Carri y Puenzo. Por ejemplo, mientras Albertina elige mostrar cómo se carnea un animal (un chancho) con lujo de detalles, Julia lo muestra (a un ternero) ya carneado. En un mismo sentido, mientras Lucía somete a «su» Álex a un intento de violación, Julia expone a «su» Mario a burlas pueblerinas y apenas sugiere una paliza paterna. 

El último verano… aparece entonces como el tercer ensayo sobre una infancia atravesada por la violencia. De La rabia, toma la violencia inherente al ámbito rural; de XXY toma la violencia producto de la intolerancia a la diversidad sexual. La convergencia entre ambas vertientes resulta poco enriquecedora.

Sin dudas, lo mejor del film de Solomonoff son las actuaciones de Nicolás Treisse, Guadalupe Alonso y María Clara Merendino. También la fotografía y la nobleza con la que la realizadora rosarina presenta a sus personajes.

Por lo demás, El último verano de La Boyita corre serios riesgos de sonar a figurita repetida sin la fuerza de sus antecesoras que, cuando se filmaron, rompieron el molde y al menos por ahora no admiten parangones.