Waltz with Bashir

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Espacio BAFICI 2009
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Waltz with BashirComo la iraní Marjane Satrapi con Persépolis, Ari Folman recurre a la historieta para hacer historia o, mejor dicho, para contar su propia versión de los hechos. El resultado es Waltz with Bashir o Vals con Bashir, película donde la estética del comic, el arte de la animación y el género autobiográfico vuelven a conjugarse al servicio de una imperiosa necesidad de recordar, relatar, denunciar y concientizar.

El director y guionista israelí también busca exorcizar, liberar los recuerdos que editó/censuró mientras cumplía con el servicio militar de su país, en los años ’80, en la frontera con el Líbano.

El psicoanálisis juega entonces un rol fundamental en este film. Desde una perspectiva conceptual, por la función repadora que adquiere la tarea de crear (en este caso un largometraje animado) y, desde la retórica misma, porque entre las personas frecuentadas y entrevistadas por Folman se encuentran dos estudiosos de la psiquis humana.

En este punto cabe aclarar que, a diferencia de Persépolis, la fuerza testimonial de Waltz with Bashir no se circunscribe exclusivamente al relato autobiográfico. Aquí, el esfuerzo por reconstruir un pasado negado/olvidado/ distorsionado lleva a buscar otras voces, a contrastar versiones, a comparar experiencias, a solicitar y analizar explicaciones.

Llega un momento en que la estética del comic pierde protagonismo o pasa desapercibida ante el peso de lo dicho. Ahí es cuando Folman revela su indiscutible destreza a la hora de alternar distintos géneros discursivos: el de la historieta primero, el del psicoanálisis después, el de la entrevista más tarde, el casi periodístico/documental al final. 

Paradójicamente los dibujos recuperan importancia cuando desaparecen de la escena, es decir, cuando el cineasta israelí los reemplaza por imágenes de televisión más crudas e impactantes. De hecho, los espectadores reconsideramos la fuerza ilusoria de la ficción desplazada, cuando nos quedamos sin su capacidad para reducir el impacto de la realidad implacable.

Una realidad en principio asociada al pasado pero que remite a un presente cuya brutalidad también debe ser recordada, relatada y denunciada.