Al otro lado

Al otro ladoLejos de oponerse, la vida y la muerte conforman un mismo círculo que hombres y mujeres transitamos con la ilusión de que nuestras pasiones e intenciones nos guían. A veces, la inevitable complementariedad entre ambas instancias sugiere la existencia de un destino que interviene por encima de la escala humana, y cuyas acciones son el verdadero motor de nuestra experiencia.

A grandes rasgos, ésta es la hipótesis que Fatih Akin parece desarrollar en Al otro lado, fábula cinematográfica que retoma la noción de frontera espacial para asignarle -y para explotar- una veta temporal. De ahí que, en realidad, los protagonistas deambulen no en uno sino entre dos lados: Alemania y Turquía en términos territoriales; la vida y la muerte en términos existenciales.

La estructura narrativa de esta película es impecable. Aquí, los cruces típicos en las historias corales son poco previsibles y en cambio funcionales a un relato cuya simetría cautiva. En un mismo sentido, la condición arquetípica de los protagonistas deja algún intersticio más o menos flexible que previene la conformación de estereotipos muy trillados.

Por ejemplo, quien tema un posible manqueísmo que discrimine entre alemanes (desarrollados) y turcos (atrasados) podrá confiar en la suerte de mestizaje que representan Nejat, profesor de alemán, de origen turco, y Lotte, ciudadana alemana, atrapada por la problemática (y una mujer) turca(s). Yendo un poco más lejos, ningún personaje parece estar del todo cómodo con su nacionalidad, aún la aburguesada Susanne que encarna la legendaria Hanna Schygulla y que el destino se encarga de abofetear.

Como en otros films que se destacan por su ¿excesiva? prolijidad técnica y narrativa, Al otro lado también llega al espectador de una manera más racional que emotiva. Esto no significa que el trabajo de Akin carezca de sensibilidad; en todo caso habrá que pensar en los gajes de la mirada intelectual.

Para terminar, una observación algo «off topic», cuyo tono egocéntrico sabrán disculpar… Es que, retomando el título del largometraje aquí reseñado, quien suscribe no puede dejar de comentar cuán «al otro lado» se siente respecto del crítico cinematográfico Luciano Monteagudo.

Referencia en el post dedicado a Gran Torino, quien suele publicar en el diario Página/12 le puso 9/10 a la lección de Clint Eastwood y 5/10 al reciente estreno de Akin. Por su parte, la autora de estos párrafos confiesa que, si dejara de lado sus reparos sobre la práctica de ponerles notas a las películas, asignaría las mismas calificaciones… pero en el orden inverso.