Nueva Ley de Radiodifusión. Invitación al debate

Post escrito por Adivinador del Pasado y La Spectatrice.
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Micrófono abierto al debateDesde hace unos 25 años, es un lugar común que los argentinos interesados en la comunicación social se quejen por la vigencia de la Ley de Radiodifusión 22.285/1980, decretada por la dictadura militar de 1976-1983. En general, estos oyentes y televidentes apasionados piden una norma que impida la concentración de medios, que permita el ingreso de nuevas voces, que favorezca el pluralismo, que mejore la transparencia y la circulación libre de la información pública. Por otra parte, todos parecemos coincidir en que estas condiciones no pueden desarrollarse en un ambiente monopólico.

En nuestro país, atacar el monopolio de la información equivale a enfrentarse con el Grupo Clarín. Quizás por eso todas las administraciones desde 1983 prefirieron negociar con el gran multimedio antes que meterse en problemas. Incluso el primer kirchnerismo prorrogó por decreto las licencias de Canal 13 y Radio Mitre, y permitió la fusión entre Multicanal y Cablevisión.

Sin embargo, durante la actual gestión de Cristina Fernández, algunos elementos novedosos favorecieron el desarrollo de la confrontación. Por un lado, tal como avisó Julio Blanck en diciembre de 2007, irrumpió en escena la Presidente, determinada a pelear por la construcción del relato mediático y a sostener una lucha contra las empresas periodísticas que –en términos comunicacionales, obviamente– no puede ganar.

Por otro lado, los episodios de 2008 (cuando los grandes medios jugaron abiertamente con la oposición y el oficialismo implementó la arriesgada táctica de llevar el enfrentamiento al máximo) dejaron atrás aquella “coexistencia pacífica” y, en nuestra opinión, convirtieron a la Ley de Medios Audiovisuales en otro capítulo de la puja entre el Gobierno y las compañías del sector.

No escucho; no veo; no hablo. Pintura al óleo de Aleksandr Grigor'evich Tyshler

En el contexto actual, el planteo de que éstos no son tiempos para modificar la Ley 22.285/80 resulta tentador. Pero también es cierto que, por el tipo de intereses afectados, es imposible imaginar un momento donde los grandes medios dejen de presentar la iniciativa legislativa como una limitación a la libertad de prensa, un ataque a la democracia, una maniobra que afecta derechos adquiridos, que provoca caos, etc.

Dadas estas circunstancias, podemos aprovechar el reciente envío del proyecto para hacer los siguientes comentarios, independientemente de la intención del kirchnerismo y descontando la buena fe de las numerosas organizaciones que durante más de un año trabajaron en la elaboración del documento puesto a debatir en el Congreso de la Nación.


El proyecto de Ley de Radio Difusión, disponible en el sitio del COMFEREl acceso  a la información como derecho humano
Créase o no, en pleno siglo XXI y a más de 25 años de recuperada la democracia, nuestra  sociedad sigue anclada a un decreto cuya definición de “libertad de expresión” se encuentra supeditada a las exigencias de la peligrosamente inasible doctrina de Seguridad Nacional.

Sólo por eso, la idea de retomar el artículo 13 del Pacto de San José de Costa Rica y de aplicar la noción de derecho a la información como derecho humano universal revela una doble intención: 1) liberarnos de una pata política y cultural anacrónica, asociada a un gobierno de facto censor y represor; 2) abrir una puerta para garantizar el acceso a información plural, heterogénea, generada desde distintas fuentes y puntos de vista.

Curiosamente, cuando en estos días ataca el proyecto de ley, la oposición elude el “detalle” -verdadera ruptura- que consite en asignarle status jurídico, de derecho humano universal, a la información pública. Sin dudas, asistir a esta conducta resulta muy interesante.

Algunos avances sobre los oligopolios informativos
El Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (así se llama) introduce algunas limitaciones a la concentración de medios, que son habituales en la legislación de otros países (Canadá, Francia, Estados Unidos y Brasil son algunos de los mencionados). En principio, plantea la necesidad de revelar la identidad de los titulares de las licencias, a diferencia de lo que ocurre con la Ley de Radiodifusión 22.285 que oculta la propiedad de los medios detrás de la fachada de Sociedad Anónima. 

Algunos de los medios mencionados en este postEl documento establece restricciones a la cantidad de licencias por titular y al plazo de la vigencia. De hecho, propone limitar a diez la cantidad de servicios abiertos y regular la TV por cable por región, cuando actualmente un mismo propietario puede adquirir una cantidad ilimitada de licencias de TV por cable y hasta 24 de servicios abiertos de radio y televisión.

El proyecto también reduce el plazo de las licencias a un máximo de veinte años (diez que se prorrogan otros diez), cuando ahora es de 25 (15 + 10).

El control
Hoy la comunicación audiovisual en la Argentina está regulada por el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), ente creado durante la dictadura y formado por empresarios, funcionarios vinculados a la defensa nacional y algunas asociaciones desconocidas. En cambio, la nueva propuesta propone crear un organismo que funcione bajo control parlamentario y que esté integrado por representantes del Poder Legislativo (el documento menciona especialmente a “la segunda y tercera minoría”) y Ejecutivo de la Nación, de las universidades, de asociaciones sin fines de lucro, y de trabajadores vinculados a la comunicación masiva. 

Incorporación de nuevos actores
En otras palabras, el proyecto propone la entrega de licencias a sociedades sin fines de lucro, cooperativas, altas casas de estudio, ONGs, mutuales, entidades de bien público. El estímulo que el Estado pueda darle a la intervención de estos nuevos actores debería enriquecer el circuito de la comunicación masiva.

Televisión codificada
En un avance que el monopolio de Clarín/Torneos y Competencias difundió en estos últimos días, consta que la nueva propuesta busca limitar la transmisión codificada de fútbol cuando los partidos sean “de interés público”. Parece una medida sin importancia en el marco de una ley que podría refundar la comunicación en Argentina, pero esta amenaza al negocio de Clarín-AFA-TyC pone nerviosos a los accionistas involucrados.

Cuota de pantalla
Inspirada en la regulación francesa y brasileña, la ¿futura? Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual pretende defender el trabajo argentino, promover la producción local y fortalecer nuestra identidad cultural. Para tal fin, establece una cuota de pantalla que exige que el 60% de la programación televisiva consista en la emisión de programas, series y películas nacionales.

Cuesta discutir este punto cuando el apartado en cuestión es tan escueto y a veces tan confuso. Después de varias lecturas, da la sensación de que sus redactores confunden dos aspectos tan ligados pero tan disímiles como, por un lado, la elaboración de contenidos propios por encima de contenidos extranjeros y, por el otro, las condiciones contractuales que los canales de TV deben cumplir para emitir/proyectar los productos autóctonos.

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La diversidad y el pluralismo comunicacionales, una de las metas del proyectoA modo de conclusión podemos sostener que la nueva propuesta aparece, fundamentalmente, como la reedición de leyes de otros países. De ahí la falta de elementos novedosos y/o revolucionarios y el consuelo de que, a lo sumo, se trata de una reforma correcta.

Sin embargo, ante un escenario político nacional infectado por personajes desaforados que se agitan al grito de “estaremos como en la Venezuela de Chávez” (?) , “Kirchner puede decidir quién tiene una radio y quién no” y otras desmesuras al tono, cabe señalar que el Estado argentino -como los Estados francés, brasileño, canadiense, estadounidense- siempre ejerció su autoridad en materia de comunicación audiovisual.

Por lo tanto, en caso de aprobarse, la flamante ley no aumentaría esa facultad. Al contrario, da la sensación de que el ente en reemplazo del COMFER le quitaría poder al gobierno de turno, en parte gracias a la intervención de los nuevos actores que mencionamos más arriba. Desde este punto de vista, la comunicación masiva podría mejorar por estas latitudes.

Está claro que la propuesta les quita protagonismo y privilegios comerciales a las grandes corporaciones que manejan la información en la Argentina. Sin dudas, esto origina la mala prensa (valga el juego de palabras) que la gente de Clarín le da al proyecto y –en nuestra opinión– sugiere la posibilidad que el Gobierno termine negociando con el Grupo y cajoneando la reforma.

En una síntesis tan apretada, cuesta detenerse en los matices del documento analizado. Sin embargo, no debemos olvidar que este proyecto se presentó para ser debatido no sólo por el Poder Legislativo sino por la ciudadanía. Aún con las limitaciones propias de un blog, resulta apasionante aceptar el desafío.

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Aquí, la versión completa del proyecto de ley.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

16 respuestas a “Nueva Ley de Radiodifusión. Invitación al debate

  1. Muy interesante, qué poco sabía del tema, adivinador.
    Se lo paso a algunos amigos con los que discutíamos en tema el otro día, sin saber mucho, por lo que leo.
    Saludos!

  2. Adivinador, Spectatrice, qué bueno que hayan escrito esto juntos. No es cosa fácil escribir de a dos y además es difícil concentrar en un solo post las más de cien páginas que ocupa este proyecto de ley.
    Encuentro que la síntesis y los comentarios que hicieron son piolas, sobre todo porque la mayoría de la gente que habla sobre la ley de radiodifusión se limita a repetir lo que dicen los grandes medios.
    La Ley 22.285 es obsoleta además de anacrónica porque se trata de un decreto dictatorial y por las enmiendas que sufrió después, en plena democracia (las impulsadas por Menem fueron terribles). Representa el espíritu de la Junta Militar y con el tiempo admitió un sistema monopólico privado que favoreció y sigue favoreciendo a corporaciones harto favorecidas.
    Me parece que nadie en su sano juicio puede oponerse a la reforma, y algunos puntos del proyecto son interesantes. Aunque algunos digan que son sólo palabras, rescato especialmente la idea de “derecho humano universal”.
    Lo que no me convence mucho, y creo que eso es un mal típico de nuestra clase política, es esa tendencia a ver qué se hizo afuera y copiarlo prácticamente. Es válido inspirarse en ciertos lineamientos de las políticas comunicacionales que llevan adelante otros países pero no estoy seguro de que un rejunte de retazos legislativos sirva demasiado.
    Por lo que leí (confieso que no leí todo el documento), al proyecto le falta profundizar algunos puntos en función de nuestras características nacionales y de las falencias que los argentinos -y sólo los argentinos- arrastramos hace décadas. En vez de emular, habría que animarse a un poco más, ¿no?
    Un gusto leerlos. Saludos.

  3. Estrella
    Bienvenida. Es un placer verte por aquí.
    Mi opinión es que la ley està oculta bajo una pelea en el barro entre el gobierno y sus opositores. Me gustaría que podamos leerla y debatirla, no?

    Martincho
    tenemos varias coincidencias, como siempre. Yo también creo que lo mas interesante del proyecto es la nominaciòn de la informaciòn pùblica como un derecho humano universal, protegido por tratados internacionales.

    Por otro lado, la democracia conviviò todos estos años con esta ley, el menemismo profundizò la concentraciòn de medios con su reforma en los 90, y casi todas las intervenciones de los distintos gobiernos fueron en la direccion de no irritar (mas bien complacer a Clarín.

    Acerca de “copiar lo que se hizo afuera”, no me parece censurable , en principio. Pero – como decimos en el post – creo que haciendo un ejercicio sencillo de derecho comparado vemos que no hay creatividad en el proyecto, no hay audacia, no hay aportes .

    También – en una mirada pesimista – tendríamos que ver (seguramente lo sabremos en un par de meses) si es posible licuar el poder de las grandes empresas de medios. Tal vez la explicaciòn de la mano blanda que la democracia tuvo con la ley de radiodifusiòn de la dictadura se vincule a la relaciòn de fuerzas entre los oligopolios mediaticos y nuestros gobiernos, donde siempre se elige negociar . Dejar la transparencia y el pluralismo para después , y no confrontar con la tapa de los diarios.

    La seguimos, Martincho. Saludos.

  4. Mientras repaso los principales puntos del proyecto, el contenido de este post y las observaciones que intercambian Adivinador y Martincho, me pregunto cuán efectiva puede ser una ley a la hora de licuar el poder de las corporaciones mediáticas. En un país como el nuestro, donde la Ley (ahora con mayúsculas) suele cumplirse a medias, me cuesta creer en la efectividad de una reforma legislativa. Supongo que por eso muchos pensamos en la posibilidad de un retoque cosmético que se limite a “destituir” la 22.285 pero que no vaya mucho más allá.

    También podemos ponernos optimistas (confieso que no es mi fuerte) y pensar que ésta es una buena oportunidad para que los argentinos experimentemos los beneficios de una maduración paulatina, paso a paso, en este caso respetuosa de los tiempos que marca el derecho (¡un derecho humano universal!). Desde esta perspectiva, si se aprobara el proyecto aquí analizado, las licencias actuales de los grandes medios vencerían en algún momento y, poco a poco, el gran poder mediático iría licuándose.

    El problema (perdón, el optimismo me dura poco) es que nosotros somos muy afectos a eso de que “hecha la ley; hecha la trampa”. Me pregunto entonces cuánto tardarán los abogados corporativos en apelar algunos considerandos de la nueva normativa o en buscarles una interpretación que sirva para sostener el régimen monopólico.

    Otro problema tiene que ver con la eventual negociación que el Gobierno pueda entablar con los medios, y que Adivinador retoma en su último comentario… Supongamos que al oficialismo deja de importarle el riesgo de enemistarse del todo con el Grupo Clarín (por citar el ejemplo más flagrante) y promueve una reforma contundente, a favor de un pluralismo informativo/comunicacional verdadero, ¿en qué medida contará con el respaldo y la participación de la ciudadanía?

    A sabiendas de que la siguiente pregunta puede caer mal, la hago igual… ¿Es posible ponerle fin al monopolio mediático sin recurrir a algún programa de expropiación o, dicho de una manera más elegante, a un programa de readjudicación de licencias?

  5. Muy buen post. El proyecto de ley será probablemente la iniciativa más importante del gobierno de CFK. A diferencia del amigo Martincho, no me parece mal que se haya buscado en las legislaciones de otros paises como Canadá, Francia o Estados Unidos.

    Pareciera que, a diferencia de otras buenas iniciativas como el fin de las AFJP, en este caso el gobierno se tomó el tiempo necesario para preparar una propuesta con buenos fundamentos, apoyandose no solo en legislación comparada sino también en ONG locales.

    Pensar que la libertad de expresión depende del mantenimiento de monopolios legales, como sostiene la futuróloga de Gorlero o su módico chihuahua radical, es suicida. En particular para todos aquellos que, como los opositores, manifiestan su voluntad de ser gobierno.

    Cuando Kirchner prorrogó por decreto las licencias de Canal 13 y Radio Mitre o como cuando en su última semana de gobierno aceptó la fusión de Cablevisión y Multicanal, como señala el post, ninguno de estos republicanos televisivos reaccionó como hoy reaccionan.

  6. Me sumo al debate en una forma avasalladora y prepotente, ya que compruebo con horror que en el proyecto no se ha tenido en cuenta las desaveniencias de miles de ciudadanos que, semana tras semana, vemos (a veces, hay que decirlo) postergadas nuestras esperanzas de disfrutar de un espectáculo meritorio.
    No puede ser (repito, no puede ser) que haya fines de semana en que a estos cráneos de TyC se les ocurra pasar por el codificado el partido que juega el glorioso Independiente (el Rojo, de ahora en más), dejando a fanáticos de Rosario (me incluyo) con la opción de ver al Rojo en un bar con este servicio, gastando en birra lo que necesita una familia tipo para subsistir una semana. Si por lo menos ganáramos todos los partidos…
    En fin, espero que se revea todo esto y la ciudadanía en general pueda, libremente, gozar del buen fulbo que solo el Rojo puede brindar. Que PepéSantoro nos proteja. Amén.

    Ah si, otra cosa. No hay gobierno que no quiera una Corte adicta, mayoría en el Congreso, medios de comunicación afines y atributos sexuales envidiables.

  7. Spectatrice
    A mi me parece que esta administraciòn tiene clara la importancia de que el estado recupere independencia frente a los grandes grupos de la comunicaciòn, y tambièn me parece que Nestor Kirchner perdiò los tiempos de mayor poder de su gestiòn sin modificar la ley, y cuando el año pasado se le complicaron las cosas creyò que podía servir para algo gritarles en las tribunas.

    La verdad es que es una negociaciòn con empresas (como la de las AFJP, las privatizadas o la renegociaciòn de la deuda, por dar ejemplos) y con una buena ley cualquier gobierno estaría en mejores condiciones para desarrollarse que con una mala ley.

    En las condiciones actuales la situaciòn de los medios es muy favorable para pocas empresas y muy pobre para nosotros, los consumidores de informaciòn. Me parece que podemos aspirar a un parlamento que vote una ley similar a la de los demàs paises y que las empresas se acomoden aquì (como se acomodan en cualquier parte ) a sistemas antimonopolicos razonables. De última, se trata de propuestas simples. Nadie està pensando en expropiar Clarín y entregárselo a Rudy Ulloa, a pesar de lo que dijo el simpàtico Gerry Morales sin haber leido el proyecto.

    Veremos.

    Rinconete
    ¿¿¿Módico Chihuahua Radical??? …Que feo, pobre Gerry. Anda todo el día llevándole las pesadas carpetas con denuncias a Carriò, nadie lo toma en serio y Rinconete le dice chihuahua…( y mòdico, pa pior…)

    Ojalà que esta sea la iniciativa mas importante del gobierno de Cristina, Rinconete. A mi me parece – igual que en el caso de las AFJP, la ley de movilidad de haberes jubilatorios e incluso el conflicto con las patronales del campo +oposiciòn+Grandes Medios , que el gobierno carece de voceros, de comunicadores creibles. No es el tema del post, pero este proyecto cumple con todos los requisitos necesarios para ser apoyado por los amplios sectores que apoyaron al kirchnerismo del 2003, y sin embargo no está la voz de ellos en los medios.

    Saludos

  8. Rinconete, Adivinador, debo haberme expresado mal en mi primer comentario. No censuro que los autores de este proyecto se hayan inspirado en leyes de radiodifusión extranjeras. Mi sensación es que “importaron” un artículo de acá y otro de allá (seguro son conceptos y nociones muy interesantes) sin hacer demasiado esfuerzo por pulirlos o enriquecerlos en función de nuestra historia y nuestra realidad mediáticas.
    Cuidado, Spectatrice. Palabras como “expropiación” y “readjudicación” (o “redistribución”) provocan severísimas reacciones alérgicas. Muchos piensan en una medida violenta, casi stalinista, o como la gran oportunidad para “redistribuir” bienes entre amigos. Si lo sabrán tipos como Morales y Chávez…
    El tema del consenso social también va más allá de la cuestión comunicacional. Los argentinos solemos exigirles a los gobiernos una claridad mental y una capacidad de enfrentamiento que nos falta a la mayoría. Para mí, la respuesta a tus preguntas es bastante triste: pocos compatriotas apoyarían a cualquier gobierno (no sólo éste) que se animara a promover una reforma contundente y por lo tanto a enemistarse del todo con las grandes corporaciones.
    Volviendo al tema mediático, pensar en una reasignación de licencias es algo casi utópico en nuestro país. Primero porque el riesgo de amiguismo empañaría las intenciones más desinteresadas y justas. Segundo porque, “en pleno siglo XXI” (como dice este post), el fantasma de la expropiación agita el “fantasma comunista” y asusta al más pintado.
    Saludos a los tres.
    PD. Qué feo, esto de debatir entre cuatro gatos locos.

  9. Adivinador
    Estoy de acuerdo en que el gobierno carece de comunicadores. No tiene cajas de resonancia por fuera de una primera línea muy acotada y poco capacitada. Por otro lado tienen a los medios y al famoso ¨sentido común de clase media¨ en contra. En el primer caso es sobre todo una cuestión de negocios, los grupos más concentrados quieren mantener poder y recursos. El tema del rechazo de la clase media es más complejo ya que no tiene que ver principalmente con plata sino con ideología.

    Como los industriales que apoyaron a Cavallo pensando que su enemigo eran los sindicatos y se fundieron, la clase media apoya a la SRA pensando formar parte de un club selecto que enrealidad los excluye y empobrece. Si CFK planteara un impuesto retroactivo del 95% a ciertos bonus como Obama, no solo la prensa le saltaría a la yugular, también lo haría esa misma clase media que sin embargo adora a Obama.

    La nueva ley es imperfecta (entiendo los comentarios de Martincho) pero, como el fin de las AFJP, sería un cambio radical para el país. Como dice el Adivinador, las empresas se acomodarían.

    Es una lástima que el chihuahua Gerry y sus correligionarios hayan sido hipnotizados por la futuróloga. Perdieron la oportunidad de ser alguna vez relevantes.

    Un saludo a los cuatro gatos locos!

  10. Estrella , me comenta allà acerca de la opinión de Tomas Abraham aquí sobre el tema de este post.

    Leí el párrafo que T.A. le dedica a la Ley de Radiodifusión, y le contesto a Estrella aquí, a ver si logramos que lea Espectadores.

    Abraham comienza aclarando que desde su punto de vista la cuestión no tiene nada que ver con “la libertad de prensa ni la captura de la mente de los argentinos”… “La Ley de Radiodifusiòn es un asunto de dinero y de poder pero nada tiene que ver con nuestra capacidad o interés informativo”…El ciudadano es libre de elegir – argumenta Abraham – y no debemos permitir que oficialismo y oposición peleen por dinero usándonos como excusa”. Finaliza diciendo que “Ninguna ley frenará el poder de los medios” y luego . propone que en el sistema escolar haya profesores que enseñen a leer la actualidad.

    En realidad – me parece a mi – la importancia de los medios de comunicación en la formación de lo que podemos llamar (simplificando ) “opinión pública“ ya no tendría que ser discutida, salvo por las ganas de polemizar. Los diarios pueden engañar al lector, un gobierno que maneje los medios de comunicación puede manipular a los habitantes (como vimos en Malvinas, por ejemplo) y en estos días alguien que lea solo Crítica y La Nación (como declara hacerlo Victor Hugo Morales ) tendrá una visión del país distinta a la mayoría que solo mira televisión – evitando los noticieros -y no lee diarios.

    La Ley que el gobierno envió para ser debatida no va mas allá de limitar los monopolios, permitir el ingreso de nuevos actores, achicar el negocio de las grandes empresas y – en el mejor de los casos – jerarquizar solo en el ámbito audiovisual la circulación de algunos bienes de interés público, como la información.

    Pero esta ley (igual que la vigente, o cualquier otra que inventemos) ineludiblemente actúa sobre el poder de los medios. Las leyes que rigen en todo el mundo para regular las licencias de radiodifusión obviamente inciden sobre las empresas de medios, que por eso participan tan duramente en la discusión. Y ese poder – el poder que regula la ley – es poder económico pero también es el poder de informar, de monopolizar las voces o abrirlas, de controlar todo el espectro o tener que abrirse a otras miradas.

    En síntesis, Tomás Abraham nos dice que los medios y la ley son neutros. Que la los medios no inciden en nuestras opiniones y que las leyes no frenan el poder de los medios.

    Por suerte, cuando propone que en el sistema escolar se enseñe a leer noticias (ya está en los programas, en realidad) parece reconocerle algún poder a los medios.

    Acerca de la inutilidad de una ley de regulación de medios, sinceramente me parece un arranque cuasi-anarco que – si no habilitara cualquier tipo de depredación por parte de las empresas o los gobiernos – resultaría simpático, y muy apto para seducir señoras en La Biela.

  11. El problema, amigos, no está en la ley, o en el proyecto, mejor dicho. El problema, como siempre, surge de los intereses que mueven las acciones políticas. Para empezar, no creo que haya nadie, mas allá de ellos mismos, que pueda defender la concentración del poder en el grupo Clarín. Pero que este proyecto lo presente, después de años de gritar que hace falta, el gobierno que más ha hecho por limitar la libertad de prensa desde la última dictadura (recordemos el caso Perfil y la pauta oficial, las compras de medios por parte de amigos o socios del matrimonio presidencial, el despido de Nelson Castro – que por supuesto podría haberle sucedido en el Grupo si hablaba contra el grupo, no? – y otros etcs.), obviamente hace sonar alarmas de todo tipo. Yo leí en profundidad el proyecto de ley, y realmente no me parece nada peligroso, aunque tampoco parece que vaya a cambiar nada… Clarín solo debería crear nuevas empresas independientes del Grupo a nivel fiscal y accionario para ajustarse a derecho… y por otra parte, como ninguna ley es retroactiva, hasta deberían indemnizarlo por ello, según varios Abogados y Legisladores expertos en el tema…
    Sin embargo, coincido con el argumento de que “no es el momento”. Pero no por las mismas razones que lo pueden esgrimir desde los poderes… sencillamente no creo capaz a esta dirigencia de hacerse cargo de tantos frentes abiertos al mismo tiempo, sin soluciones de ningún tipo para casi ninguno de ellos. Desde ese punto de vista, el momento no puede ser peor…
    Por último, el gobierno está cayendo en una trampa absoluta… su propio proyecto establece a las plataformas digitales como internet, en categorías comunes a los medios audiovisuales. Llegado ese punto, los actuales multimedios pueden unir sus corazoncitos (y sus billetes), contar el poder político, desde las páginas de la web. Llegado ese punto, o se asume el ataque mediático, o se silencia. No sea cosa que se elija el silenciamiento, y terminemos siendo, esta vez sí, la Venezuela de Chavez, o algo aun peor.
    Saludos y perdón por la extensión… pero creo firmemente en el debate propuesto por el gobierno… siempre y cuando nos escuchen!

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