Gomorra

GomorraEn la entrevista que Página/12 publicó el jueves pasado, Matteo Garrone prefiere hablar de “versión complementaria” antes que de mera “adaptación”. Tal vez ésta sea la clave para distinguir entre el cine que se limita a “llevar” un cuento o novela a la pantalla grande y aquél que busca superar la instancia de “traslado” a partir de una interpretación o reedición libre del formato o corset literario. Sin dudas, la definición del director y guionista romano sintetiza una primera y gran virtud de Gomorra, película que “re-crea” (a no confundir con “transporta” o “traduce”) el libro homónimo escrito por Roberto Saviano.

La segunda gran virtud de este largometraje tiene que ver con su condición exclusivamente cinematográfica. Me refiero a la capacidad de Garrone para filmar con estilo propio, más austero y menos estilizado que el de otros realizadores subyugados por el (sub)mundo del crimen organizado.

La diferencia es abismal cuando pensamos en los frescos que Francis Ford Coppola y Martin Scorsese hicieron de los herederos de la mafia italiana en tierras del Tío Sam. La austeridad de Gomorra remite al retrato de una violencia ajena a la exigencia de espectacularidad (espectacularidad en el sentido del show business) y la escasa estilización se corresponde con la ausencia del glamour mafioso, con la decisión de mostrar las implicancias del crimen organizado en la vida cotidiana de la Italia contemporánea.

Lejos de asistir a la trayectoria de un padre padrone casi ejemplar, aquí descubrimos el alcance de una red que también se extiende hasta los Estados Unidos (según Garrone/Saviano, la Camorra habría invertido capitales en la recuperación edilica del predio de las Torres Gemelas) pero cuyo entramado fundamental cubre los distintos estratos del territorio napolitano.

Gomorra muestra menos a los protagonistas de rigor (gangsters como los encarnados por Marlon Brando, Robert De Niro, Al Pacino o Joe Pesci) que a los personajes usualmente secundarios, “civiles” por llamarlos de alguna manera: el niño que pasa de ser mandadero de almacén a mensajero de una facción narco; el gestor que cobra alquileres y protecciones; el costurero que traiciona una licitación arreglada; el joven desempleado que se convierte en secretario de un especialista en esconder desechos tóxicos; los dos adolescentes pandilleros que pretenden derrocar y destituir al capo barrial.

El dinero, la droga, las armas y la violencia figuran en pantalla pero no de una manera sinfónica, en tanto recurso narrativo destinado a impactar, seducir y cautivar sino como agentes propios de un escenario y de un fenómeno social preciso. De ahí que Garrone los utilice en su justa medida, sin ninguna pretensión de entretenimiento y, en cambio, con clara intención testimonial.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

3 respuestas a “Gomorra

  1. Respecto al tema de adaptaciones cinematográfcas, hay un texto de Sergio Wolf que indica que es preferible usar el término “trasposición” antes que adaptación. Porque adaptar remite a forzar una cosa para meterla adentro de otra, no? mientras que trasponer tiene más que ver con llevar una idea de un lugar a otro, aunque sufra cambios. No recuerdo el nombre del texto, pero es más o menos lo que decías vos en el apartado de “traslado”.
    Specta, hay que usar tus posts para estudiar comunicación, qué duda cabe.

  2. Ignoro si la pelìcula tendrá éxito de público, pero a mi me seduce la idea de una presentaciòn documental de la mafia, sin glamour y con sangre. Mas cerca de una organizaciòn criminal que de una querible familia italiana, como suele contarla Hollywood.

    Está bueno enterarse que la mafia no es un grupete como Los Campanelli que suele ponerse violento . Es otra cosa menos simpàtica y mas gris , mas asesina y malvada, cuyas andanzas no deben ser fáciles de ver.

    Saludos

  3. ¡Jajajaja, Naty! No podrías decirle algo más halagador a una egresada (medio renegada) de Ciencias de la Comunicación. 😉

    Es muy interesante lo que contás sobre el texto de Wolf, autor (omni)presente en el programa universitario, al menos en la carrera de la UBA. Pero, en honor a la verdad, quedé fascinada con la definición de Garrone: la idea de una “versión complementaria” me convence aún más que la noción de “trasposición” (el “traslado” sigue pareciéndome un fenómeno limitado, es decir, con poco espacio para una verdadera re-creación).

    Creo, Adivinador, que Gomorra corre serios riesgos de decepcionar a los fanáticos del “género mafioso” (por llamarlo de una manera torpe). Primero porque se trata de un retrato que va más allá de la Camorra en sí, y que revela la convivencia entre el crimen organizado y ciudadanos comunes y corrientes. Segundo porque, créase o no, esta película despliega menos sangre y menos violencia que las producciones made in Hollywood.

    Tal como sugiere este post, Garrone utiliza la dosis justa de sangre, disparos y golpes (quizás las primeras escenas que nos introducen en la película, antes mismo de los títulos, conformen la parte más brutal, más impactante). Aquí la violencia aparece como un elemento más del fenómeno mostrado, y no como un recurso narrativo transformado en simple golpe de efecto.

    Saludos a ambos.

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