Operación Valquiria

Operación Valquiria¿Cómo será la versión televisiva que los alemanes hicieron de la llamada «operación Valquiria» en 2004? Seguro prescinde de nazis angloparlantes que alternan entre el inglés británico y el americano según la ocasión, y por lo menos atina a asignarle el rol protagónico a un actor indiferente a las exigencias del estrellato: Sebastian Koch. A lo mejor así, evita el retrato estereotipado, unidimensional, acartonadamente heróico del Coronel Claus von Stauffenberg y, con suerte, sorprende a partir de una reconstrucción seria de uno de los intentos falllidos por asesinar/derrocar a Adolf Hitler.

Pensándolo bien, esta última hipótesis no tiene asidero entre quienes consideramos que la versión cinematográfica de Bryan Singer demuestra poco interés por el pasado. De hecho, esta producción made in Hollywood pertenece más al género bélico (bélico de suspenso) que al histórico o biográfico. De ahí que el guión de Christopher McQuarrie y Nathan Alexander sólo extraiga de aquella sublevación militar la dosis de intriga y acción necesarias para presentar oootro enfrentamiento entre buenos y malos.

Sobre todo para el público norteamericano, la novedad principal de este largometraje radica en la caracterización positiva de ciertos nazis y en el rescate de uno de ellos como héroe y mártir. Por lo demás, nada cambia: en un rincón del ring se encuentra el malvado por antonomasia (notable, el parecido del desconocido David Bamber con el Führer) y, en el otro, Tom Cruise (incapaz de mimetizarse con un coronel alemán condecorado).

El resto de los personajes/actores se reparte entre ambos polos aunque, de manera excepcional, alguno coquetee con los dos (tal es el caso del General Fromm). El problema es que la representación de los bandos falla en términos de cohesión narrativa: entre los malos, personalidades como Goebbels y Himmler apenas consiguen un paneo (o, a lo sumo, dos líneas de parlamento) y, entre los buenos, Cruise les roba cámara a los mucho más talentosos Bill Nighy, Kenneth Branagh, Terence Stamp y Tom Wilkinson.

La culpa no es tanto de Tom sino de un guión que confía en «la estrella» -valga la metáfora- de un ídolo industrial. La apuesta es tan grande que algunas escenas (por ejemplo, aquélla donde a von Stauffenberg le explican el funcionamiento de una mini-bomba) son dignas de alguna Misión Imposible.

Frases como «Hitler no sólo es enemigo del mundo sino también de Alemania» parecen sacadas de algún guión de Superman (en este punto cabe recordar que Singer filmó el retorno del superhéroe norteamericano). Incluso podríamos parafrasear esta oración con otro sujeto y otro orden: «El General Zod* no sólo es enemigo de los Estados Unidos sino también del mundo».

Por todo esto, Operación Valquiria es -cuanto mucho- un film apto para los incondicionales de Tom Cruise, para quienes siguen creyendo en una Historia Oficial signada por el enfrentamiento entre buenos y malos y, eventualmente, para los amantes del género bélico. Harán bien en pasarlo por alto los interesados en repasar y comprender las implicancias de un levantamiento memorable en la Alemania de Hitler; tal vez les vaya mejor con el trabajo que el bávaro Jo Baier estrenó en la televisión de su país hace ya cinco años.

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* Curiosidad cinematográfica, el temible General Zod de Superman I y II estuvo a cargo del mencionado Terence Stamp que, en la Operación Valquiria de Singer, encarna al General (R) Ludwig Beck.