La duda

La duda¿Hasta qué punto la «duda» es un concepto filmable? ¿Cuán osado es aquel guionista y/o director que reduce la definición cinematográfica de esta palabra a los dimes y diretes de los personajes involucrados? ¿Cuán legítimo es el truco de ampararse en una noción inasible para generar un relato repleto de cabos sueltos, cuya misión (casi exclusiva) consiste en recordarnos que aquí, señores espectadores, dudar es la cuestión?

La película escrita y dirigida por John Patrick Shanley es pretenciosa por partida doble. Primero, porque se presenta en tanto ensayo o ponencia sobre la arriesgada relación entre presunción, incertidumbre y acusación. Segundo, porque se mete con un tema tan delicado como la sospecha de abuso infantil en una institución religiosa.   

A diferencia de un film como Actos privados*, La duda carece de coraje y de compromiso. Le falta coraje porque encara la cuestión pedófila de costado, como engranaje del discurso destinado a plantear la problemática principal: la ocasional imposibilidad de distinguir entre mentira y verdad. Le falta compromiso porque no cumple su cometido hasta las últimas consecuencias; al contrario la incertidumbre se instala en un plano superficial, casi anecdótico.

Dicho de otro modo, Shanley exacerba la sensación dubitativa pero la despoja de profundidad, implicancias, consecuencias. Los espectadores dudamos entonces de todo (de las acciones del padre Flynn, del afán controlador de la hermana Beauvier, de lo que la hermana James efectivamente vio, de la conducta de dos alumnos monaguillos, de las tormentas de viento), y en el mejor de los casos sacamos conclusiones erráticas sobre ese todo.

El problema es que éste no es un film policial o de suspenso. Aquí no se nos invita a entramar hilachas sueltas para determinar la culpabilidad o la inocencia de un sospechoso. No…

Aquí se nos desafía a compenetrarnos con un retrato acabado de la duda, y a asomarnos al drama del abuso infantil. Sin embargo, después de una hora y media de proyección, los espectadores no logramos ni una cosa ni la otra. 

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* Por si uno solo fuera poco, Actos privados de Antonia Bird aborda tres temas polémicos, tres: el abuso infantil, la violación incestuosa y la condición homosexual de algunos sacerdotes.

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Triplete suplementario

1.- Esta reseña «se ensaña» con el planteo ético de La duda, en parte por las deficiencias señaladas y en parte porque, curiosamente (o no), la película es candidata a un Oscar por mejor guión adaptado. Lo más gracioso del asunto es que la nominación tiene altas chances de convertirse en premio, desde el momento en que los miembros de la Academia sienten especial debilidad por este tipo de films supuestamente jugados.

2.- La reconstrucción de época es, probablemente, el mayor logro de este largometraje. También cabe destacar las actuaciones de Philip Seymour Hoffman y Amy Adams (la inolvidable Brenda Strong de Atrápame si puedes).

3.- A título estrictamente personal y muy a mi pesar, debo confesar que Meryl Streep me convence cada vez menos, quizás porque a medida que pasa el tiempo veo más a la actriz y menos a sus personajes. Dicho sea de paso, con un poco de sentido del humor, podemos imaginar que la mencionada hermana Beauvier es la versión religiosa de la diabólica Miranda (¡esa muequita que hace con la boca para transmitir disgusto o desaprobación!).