A night at the Opera

Reseña redactada por Ariel.
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Queen inoxidableDe tanto en tanto me da por escucharlo y, cuando eso ocurre, el CD puede quedarse días en la compactera de mi equipo de música.

El disco fue grabado en 1975 y debe su nombre a la película homónima protagonizada por los hermanos Marx cuarenta años antes. Si bien a priori el título puede sonar a mero homenaje, con la escucha uno se da cuenta de que hay algo más. Y ese algo más es una perfecta relación entre concepto y contenido.
 
Una noche en la Opera no derrocha el barroquismo lírico y musical que sí presenta Queen II, el segundo álbum de la banda liderada por Freddie Mercury, pero sí se jacta de tener variados estilos musicales, uno tras otro.

Es así como pueden escucharse temas más rockeros y pesados, gracias a las contribuciones del guitarrista Brian May (“Sweet lady”) y del baterista Roger Taylor (“I’m in love with my car”) y canciones más pop y pegadizas, por ejemplo la que escribió el bajista John Deacon (“You’re my best friend”).

Como de costumbre, la cuota de excentricidad corre por cuenta de Mercury, que aporta su dosis de teatralidad musical. Empieza con su music hall de tres minutos y medio de duración (“Seaside rendezvous”) donde Taylor se luce a partir de los efectos de sonido que hace con su voz; sigue con “Love of my life”, una preciosa gema que cobra brillo gracias al arpa y a la voz delicada de Freddie, para culminar con la merecidamente reconocida “Bohemian Rhapsody”, mini ópera larguísima para su época (dura casi seis minutos) y famosa por su cantidad de sobregrabaciones vocales e instrumentales.

De esta forma se entiende porqué, a la hora de interpretarse en conciertos, la secuencia vocal intermedia nunca se realizaba en vivo sino que, por el contrario, se ponía la pista original. Por suerte, es uno de las pocos temas que hoy siguen sonando en las radios FM sin sufrir los cortes que impone esa ridícula idea de que una canción no puede durar más de tres minutos y medio.

Eclipsados por el éxito de la rapsodia, quedaron tres temas cuya autoría pertenece a Brian May y que contribuyen a que A night at the Opera sea uno de los mejores discos de Queen, según la mirada de este humilde columnista.  El primero se llama simplemente “ ‘39”, y fue caracterizado por el guitarrista como un “folk rock espacial” (recordemos la afición de May por la astronomía y su reciente doctorado en esa disciplina); el segundo es “Good company” donde May sobresale por su ejecución del Ukelele y de una guitarra “jazzera”.

Y el tercero, “The prophet’s song”, una canción soberbia en términos de letra, de arreglos vocales e instrumentales y de duración: sobrepasa los ocho minutos y su parte intermedia son coros cantados en diferentes tiempos y a capella. En pocas palabras, está a la altura de LA canción de Mercury.

En líneas generales, el título del álbum (que puede sonar pomposo) está totalmente respaldado por cada una de sus composiciones, por sus estilos y por sus arreglos sólidos. Al año siguiente, la banda inglesa volvería a homenajear a los hermanos Marx con A day at the races, pero ése es otro disco y un paso más en la coronación de la Reina.