Davos ya no es lo que era

Por Jorge Gómez
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El Foro de Davos solía ser un encuentro anual de personalidades vinculadas a la política y a la economía del mundo capitalista. En tiempos del discurso único neoliberal concurrían, orgullosos, los entusiastas defensores del modelo: funcionarios, burócratas, dirigentes y banqueros que iban a que los aplaudieranvieran, o que creían que de todas formas había que estar allí.

La flor y nata de Occidente se encontraba para derrochar glamour como Sharon Stone o Angelina Jolie, para luchar contra la miseria como Bono, o para protestar contra la globalización. Sin embargo, este año casi no hay estrellas de Hollywood; el vocalista de U2 se dedicó a terminar un álbum; los activistas antiglobalización no aparecieron, y faltaron muchos banqueros que siempre estuvieron allí. Obviamente no estuvieron los funcionarios del Lehman Brothers –en otros tiempos infaltables con sus certeros pronósticos– porque el banco quebró, y hay presencias mínimas de instituciones muy comprometidas y cuestionadas como el Citigroup, HSBC o Goldman Sachs.

Atentas a la sensibilidad del público atemorizado por la crisis, las primeras líneas del gobierno estadounidense se quedaron en casa trabajando y enviaron únicamente a una asesora senior del Presidente Obama. Por Latinoamérica sólo fueron los Presidentes de Colombia y México, mientras que otros cinco mandatarios regionales (incluido el de Brasil) se reunieron en Porto Alegre para debatir la crisis en espacios menos desprestigiados.

Parece razonable que los que fallaron disminuyeran su capacidad de convocatoria y que este año Davos haya perdido interés, por lo menos para los países del tercer mundo tan castigados por los mismos burócratas y entidades que ahora piden subsidios gubernamentales para no quebrar. En ese lugar con menos champaña y menos canapés, la figura argentina de mayor jerarquía fue el Jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri.

Macri, chocho en Davos. Copyright del diario La Razón

Los grandes animadores de Davos no estuvieron allí. Porque no los invitaron, porque creen que la historia pasa por otros sitios, porque están prófugos de la Justicia o porque no pueden mostrarse charlando y comiendo sanguchitos mientras la desocupación crece en sus países. En un ambiente de gestos adustos, sin galletitas con caviar ni políticos afines, sin luminarias mediáticas ni popes de las finanzas, a Macri sólo le quedó buscar a los escasos corresponsales de los medios argentinos y criticar al gobierno de su país, algo que podría haber hecho desde aquí mientras trabajaba un poco.

Apenas escuchó que alguien le echaba la culpa de la crisis a Estados Unidos, el líder del Pro corrió a buscar al enviado de La Nación para armar una réplica (“así es el populismo, nunca se hace cargo de sus errores”, diría) y sostener que tan desgraciada sentencia sería de algún enemigo de Occidente, feo y sucio como Hugo Chávez, Aníbal Fernández o El Demonio de Tasmania.

– «No, lo dijo Bill Clinton, le aclaró el corresponsal del periódico fundado por Bartolomé Mitre, llorando. «El comunismo avanza –razonó Macri, mientras se guardaba un canapé en el bolsillo– Davos ya no es lo que me contó Cavallo».