Hombre al agua

Reseña redactada por Ana.
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Los hermanos Weinbaum, conductores de Hombre al AguaDurante el verano, las propuestas televisivas dejan mucho que desear. No hay demasiadas opciones de ficción y ganan espacio los enlatados. Pero Canal 13 apostó a una adaptación del programa Wipeout que se ve en la televisión de los Estados Unidos; la “bautizó” Hombre al agua y les encargó la conducción a los hermanos Eugenio y Sebastián Weinbaum, conocidos ya por su programa MDQ.

Es una competición individual, donde los jugadores deben superar carreras de obstáculos y resistencia, en diversos trayectos ubicados sobre piletas de agua (de ahí el título del programa), para ganar $10.000.

Comienzan el juego 18 contrincantes, pero sólo los doce que marcan los mejores tiempos pasan a la segunda prueba: “el reloj”. En este caso los jugadores se ubican en plataformas de tres metros de altura y una manecilla gigante va rotando cada vez más rápido. El objetivo es mantener el equilibrio la mayor cantidad de tiempo posible, ya que sólo los cuatro últimos en caer tendrán acceso a la instancia final.

El juego termina cuando estos cuatro finalistas completan un circuito que incluye caer desde un tobogán, saltar troncos de plástico que ruedan por una plataforma inclinada y subirse a una calesita que gira a alta velocidad. Los participantes deben enfrentar todas las pruebas y pueden repetirlas una y otra vez en caso de caerse. Gana el que termina más rápido el circuito.

Si bien la propuesta tiene una producción interesante, los juegos están bien hechos y los participantes parecen divertirse mientras compiten, no dejo de pensar en los duros golpes recibidos en cada una de las pruebas. En la segunda emisión del programa, dos de los finalistas no terminaron la prueba por lesiones (no demasiado graves pero lesiones al fin) y nada más se dijo al respecto en el transcurso del programa.

No dejo de pensar en qué es lo que realmente atrae de Hombre al agua, algo que va más allá de la destreza demostrada por algunos de los atléticos participantes, y que son las caídas. Hay infinitas repeticiones de las mismas, con diversas cámaras y relatos. Y aunque parezca mentira, la prueba del reloj ya tiene nombre propio: “el reloj asesino”. ¿Hace falta que diga más?