Las chicas de la lencería

Las chicas de la lenceriaSin dudas, Las chicas de la lencería merece una mención aparte (distinta) de las películas que se estrenaron en la cartelera porteña a fines de 2008. De hecho, entre tanto título deslucido y sobrevalorado, el de Bettina Oberli se destaca por su originalidad, mesura y sensibilidad. Por si estas virtudes fueran pocas, la fábula sobre cuatro viejitas capaces de reinventarse a sí mismas cumple con el inusual propósito de reivindicar a la tercera edad.

Además de la reivindicación, está el llamado de atención. Sobre la relación que los hijos adultos mantenemos con nuestros padres, sobre la asociación arbitraria que los más jóvenes solemos establecer entre ancianidad y senilidad, sobre la indiferencia de una sociedad perversa que teme, desprecia, margina, descarta, incluso maltrata a sus mayores.

Que conste, la historia imaginada por Oberli se desarrolla en la Suiza contemporánea. De ahí que los avatares sufridos por sus protagonistas puedan tratarse en tono de comedia, y que la mencionada fábula tenga final feliz (la contracara de esta propuesta sería La noche del Sr. Lazarescu, realizada y ambientada en la precaria y burocratizada Rumania).

Por otra parte, ésta es también una típica «comedia pueblerina», si es que el género existe. Por eso encontramos personajes arquetípicos -el pastor demagógico, el campesino ambicioso, la vecina excéntrica- y situaciones que remiten a los refranes «pueblo chico; infierno grande», «haz lo que yo digo pero no lo que yo hago», «siempre hay un roto para un descosido».

88 años está por cumplir Stephanie Glaser, la actriz que interpreta a la tenaz y talentosa Martha. Sus compañeras de elenco la siguen de cerca, no sólo en términos cronológicos, sino en cuanto a niveles de entrega y ductilidad.

Definitivamente, todas ellas son dignas de un título cuya traducción las defina como «chicas», y de espectadores que sepan disfrutar de una simpática fábula capaz de dignificar a la tan vapuleada tercer edad.