La desconocida

La desconocidaLos detractores de Giuseppe Tornatore dirán que La desconocida es otra prueba del -para ellos sobrevalorado- talento del realizador italiano. En cambio, a quienes disfrutamos de la entrañable Malena y de las más recordadas Stanno tutti benne y Cinema paradiso nos cuesta lidiar con el desconcierto -para algunos disgusto- producto de una película que al principio oscila entre el thriller psicológico y la intención de denuncia, y luego se convierte en novelón digno de la televisión brasileña, no venezolana o mexicana.

Inspiración brasileña, y no venezolana o mexicana, porque el guión escrito por Tornatore y Massimo De Rita recurre a temas escabrosos (la explotación sexual, el aborto y la venta de bebés) igual que las obras más osadas de O Globo. Además, la historia de Irena tiene sus buenos enredos (un origen oscuro, un amor destrozado, una venganza en marcha), un villano muy malo (a cargo de Michele Placido, el mismo que hizo de actor venido a menos en El caimán), y un personaje que parece medio vegetal pero que no lo es tanto.

La coincidencia supera la cuestión temática. Aquí también reencontramos un estilo «sutil» de filmación que incita a un voyeurismo limitado. Asistimos entonces a flashbacks intermitentes que disimulan los detalles de un pasado aberrante, y a saltos en la edición que suavizan -por ejemplo- la caída de una mujer víctima de una zancadilla en plena escalera.

Dicho esto, lo que más molesta de La desconocida (hasta el título suena a telenovela) no es su condición de folletín, sino su tufillo a docudrama. O, dicho de otro modo, la mencionada intención de denuncia.

Si Don Giuseppe quiso retratar el maltrato que padecen las inmigrantes ilegales de Europa del Este en Italia, podría haberse inspirado en Como una sombra, de su compatriota Marina Spada. Quizás así, habría contado de otro modo -de un modo menos forzado y efectista- el drama de Irena.

De lejos, lo más rescatable de La sconosciuta es la fotografía y la actuación de Kseniya Rappoport. Lamentablemente el reconocimiento de estos aciertos no alcanza para que los seguidores del realizador siciliano consigamos rebotar con seguridad (y éxito) los dardos de sus detractores.