Las mujeres sabias

Las mujeres sabias¿Qué opinaría Molière de la versión de Las mujeres sabias que se presenta en el Teatro Alvear de la Ciudad de Buenos Aires? ¿Cómo le caería una adaptación que incluye guiños exclusivos para el público argentino? ¿Qué diría de la ocurrencia de insertar pequeñas coreografías entre acto y acto? ¿Y de la escena que recrea dos partidas de un videojuego? Asumiendo que Monsieur Jean-Baptiste Poquelin fue tan inteligente, pícaro y agudo como sus célebres comedias, bien podemos imaginar que, resuscitado, el dramaturgo francés sabría divertirse con la puesta en escena de Willy Landin.

Pasaron más de trescientos años desde el estreno de Les femmes savantes en el Théâtre du Palais Royal. A priori, pocos contextos tan abismales como el de París a fines del siglo XVII y nuestra Buenos Aires de principios del XXI. Sin embargo, Landin se las ingenia para trazar un puente entre ambos polos, y de esta manera demostrar/confirmar la vigencia del humor «molierano».

Es que, después de todo, las cosas cambiaron menos de lo que creemos. De hecho, el snobismo cultural, la fama de charlatanes pseudo académicos/ científicos/artísticos, la subestimación de la high society por el populacho, los matrimonios por conveniencia, el desencuentro recurrente entre hombres y mujeres son fenómenos que resisten las distancias temporales y geográficas.

Sin dudas, Molière fue un experto a la hora de retratarlos con una sorna simpática. A su vez, Landin demuestra su capacidad para -por un lado- respetar el espíritu de la obra y el autor y -por el otro- aportar lo suyo, sus propios juegos de palabras, su propia coloratura desde una perspectiva local.

Los espectadores disfrutamos entonces por partida doble: cuando reconocemos elementos típicos de la comedia francesa clásica (personajes, enredos, boutades, acompañamiento musical), y cuando asistimos a la interferencia de nuestra actualidad (la célebre frase «¿qué pretende usted de mí?» de Isabel Sarli, los pasos de baile al ritmo de Loco Mía, la alusión al corralito que padecimos en 2001, entre otros ingredientes contemporáneos de nuestra cultura mediática, política y social).

El mérito de esta propuesta no es exclusivo de Landin. Los actores se prestan muy bien a los pasos de comedia (el elenco es equilibrado en su conjunto, pero entre sus integrantes se lucen especialmente Graciela Araujo, Rita Terranova, Pacha Rosso, Gimena Riestra y Tony Lestingi) y la coreografía de Miguel Angel Elías es una de las sorpresas más aplaudidas.

De lejos, la otra sorpresa es el personaje que presenta la obra, suerte de castrato que, después de cantar para el público, le solicita apagar el celular, permanecer en silencio y evitar el uso de cámaras con flash entre otras normas de buena conducta. Como la sabrosa entrada que precede el plato principal, la notable representación ¿a cargo de Damián Ramírez? invita a quedarse y a disfrutar del resto del muy recomendable festín.

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La foto que ilustra este post fue extraída de Alternativa Teatral.