Yo soy sola

Yo soy solaLas películas que consideramos malas suelen provocarnos tres tipos de reacciones. O bien sus desaciertos nos causan gracia e, independientemente del género al que pertenece, recordamos el título en cuestión como una experiencia cómica (sería el caso de Mamma mía). O bien el film nos espeluzna, tanto que nos resulta imposible olvidar tamaño desatino (sería el caso de Hostel o de Joshua). O bien la propuesta nos resulta tan ñoña, tan poco llamativa -ni siquiera lo malo llama la atención- que, en cuestión de días, el largometraje pasa al más irreversible de los olvidos. Éste es el caso de Yo soy sola, producción local que sólo los detractores del cine argentino sabrán valorar.

La propuesta de Tatiana Merenuk se divide en cuatro partes protagonizadas por cuatro amigas que bordean los 30 y que enfrentan distintas problemáticas amorosas. A priori, la idea de un patchwork narrativo aparece como un intento legítimo por abordar las distintas aristas de la «soledad femenina» pero, en realidad, lo único que aquí difiere son las situaciones.

Dicho de otro modo, la variedad de relatos sólo permite una variedad de contextos, de escenografías, de personajes. Lo demás es estereotipo puro, retrato de mujeres en función de hombres que están pero no están, parlamentos que parecen dignos de la revista Cosmopolitan antes que de una comedia dramática (para comedias dramáticas sobre mujeres solas, conviene ver la serie -nunca la película- Sex & the city).

A tono con el guión, las interpretaciones de Eugenia Tobal, Moro Anghileri, Mara Bestelli y Olivia Molina responden a arquetipos tan burdos como por momentos antipáticos. Paradojas cinematográficas, en un film pretendidamente feminista (o femenino) los actores Pablo Rago, Mike Amigorena, Ramiro Agüero, incluso Damián de Santo se desenvuelven con más soltura, probablemente porque sus personajes son menos unidimensionales.

Yo soy sola oscila entre la reflexión lacrimógena y la (¿auto?)crítica canchera. Quizás ésta sea la actitud habitual de muchas señoritas veinte/treintañeras sin pareja, pero una comedia sobre el tema debería mostrar algo más que mohines, declamaciones y lugares comunes. De lo contrario, corre serios riesgos de caer en el más irremediable de los olvidos.