Quémese después de leerse

Burn after readingQuienes consideren que Fargo es la mejor comedia negra de los hermanos Coen encontrarán que Quémese después de leerse no iguala -mucho menos supera- a aquella película filmada hace doce años. Dicho esto, el último trabajo de Ethan y Joel tiene dos aciertos: por un lado, un guión lo suficientemente original como para que la crónica de otro desmadre absurdo y enredado vuelva a sorprendernos; por el otro, buenas actuaciones capaces de expresar la visión cínica de la dupla cinematográfica.

Atrás queda el recuerdo de la sombría Sin lugar para los débiles. Da la sensación de que, después de haber adaptado un texto ajeno (escrito por Cormac McCarthy), los Coen decidieron apostar nuevamente a la elaboración propia para así retomar la crítica a ciertas taras de nuestra sociedad: la impronta mediática, el culto a la apariencia, la obsesión por el dinero, la precariedad de las relaciones interpersonales, la exacerbación de la violencia.

«La inteligencia es relativa», reza el slogan del largometraje. Sin dudas, la frase sintetiza la moraleja de una fábula que le otorga mayor astucia a la empleada de un gimnasio que a funcionarios de la CIA (y de una embajada rusa). También anticipa la intención de retratar a la idiotez humana.

Como hicieron con Tom Hanks en El quinteto de la muerte y con George Clooney en ¿Dónde estás hermano?, aquí también los Coen convocan a estrellas hollywoodenses (a Clooney otra vez y a Brad Pitt) para sacarles el jugo que la industria ignora, descuida o desprecia. La experiencia resulta interesante, aún para los detractores de carilindos que les niegan toda posibilidad de redención, y graciosa para quienes creemos en el sentido del humor de los galanes subestimados.

En el elenco también se destacan John Malkovich, Tilda Swinton y la musa inspiradora Frances McDormand. Sin dudas, el protagonismo le sienta muy bien a la actriz norteamericana, en parte por su talento innato, y en parte porque su Linda Litzke evoca la obstinación de la querible mujer policía que ella misma encarnó en la citada Fargo.

En general, la crítica especializada le dio una bienvenida tibia a Quémese después de leerse cuando se estrenó en Buenos Aires hace algunas semanas. La reacción es entendible si pensamos en la trayectoria de los hermanos cineastas y recordamos títulos superiores como los ya mencionados además de Barton Fink y El hombre que nunca estuvo, pero poco justa cuando analizamos la película al margen de sus antecesoras, y sin dudas ubicada muy por encima de la calidad promedio de las comedias made in USA.