Como lo vieron estos ojos

Según consta aquí, Como lo vieron estos ojos formó parte de la programación del Festival Internacional de Cine Judío que tuvo lugar en Buenos Aires, en noviembre de 2007. Desde entonces, nada parece indicar que la película de Hilary Helstein tenga chances de circular por nuestro circuito de distribución comercial. Dado el pronóstico, cabe preguntarse a quiénes podrá interesar un documental sobre las expresiones artísticas que algunas víctimas del Holocausto emprendieron -a veces en forma clandestina, a veces con la anuencia de los jerarcas- mientras esperaban la muerte en los campos de concentración.

Con buena voluntad, las escuelas podrían convertirse en marco propicio (incluso recomendable) para la proyección de un film que cumple con dos objetivos importantes: por un lado, recordar el genocidio que los nazis perpetraron en nombre de la raza aria y del espacio vital; por otro lado, señalar la importancia del dibujo y la música como último recurso de evasión/catarsis contra el horror, en suma, como refugio para la salud mental.

Los docentes interesados deberán saber que, si bien apela a la contundencia de ciertas imágenes, Helstein evita los golpes bajos. En realidad, el largometraje hila -a partir de una narración en off*– las entrevistas realizadas a unos pocos sobrevivientes (entre ellos el célebre Simón Wiesenthal), las fotos de archivo que en ocasiones parecen material inédito y diversos dibujos rescatados después de la caída del régimen hitlerista.

Dibujos hechos por adultos y… por niños. La directora y productora hace hincapié en el infanticidio cometido, y en el esfuerzo de algunos mayores por ahorrarle dolor a una prole igualmente condenada al exterminio. Además (detalle a tener presente) insiste en incorporar a gitanos, homosexuales y activistas disidentes entre las víctimas de un terror en general asociado de manera casi excluyente al sufrimiento del pueblo judío.

Los trazos, los colores, los pliegues remiten a los alambres de púa, a las chimeneas de los hornos crematorios, a las horcas, a los pabellones superpoblados, en síntesis, al escenario de los campos de Terezin, Vilna y Auschwitz-Birkenau. Por su lado, la figura de Mengele sobrevuela los bocetos de siluetas hambreadas, laceradas, despojadas, asesinadas.

Pero quizás lo más impresionante de este documental no sean las declaraciones de los entrevistados, ni las fotos de archivo, ni los mismísimos dibujos recuperados. No… Lo más impresionante es la mirada de quienes hoy recuerdan y relatan, y la mirada de papel de quienes padecieron, perecieron y por lo tanto nunca pudieron contar… cómo lo vieron sus ojos.

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* Maya Angelou presta su hermosa voz y su perfecta dicción para esta tarea.