Mayumana

Ritmo, coreografía, luces, sentido del humor son los ingredientes clave del espectáculo que Mayumana presentó en Buenos Aires la semana pasada, y cuya energía contagia al espectador más abúlico. Fiel a su nombre de origen israelí*, este grupo ahora internacional da pruebas irrefutables de precisión y sincronización corporal. Por si esto fuera poco, la paciencia y la generosidad son otras virtudes que definen a estos saltimbanquis del siglo XXI.

Las comparaciones son odiosas, en general innecesarias, y sin embargo a veces resultan inevitables. En este caso, el paralelismo con los Stomp es casi un acto reflejo. Quien suscribe se queda con la agrupación británica por considerarla más ocurrente a la hora de aprovechar elementos cotidianos o domésticos (cepillos, escobillones, naipes, cacerolas) para montar su show y menos pretenciosa en términos de despliegue de escenografía e iluminación.

Dicho esto, cabe aclarar que la eventual preferencia se basa en criterios/ gustos estrictamente subjetivos, y que en ningún momento busca relativizar el desempeño de quienes supieron lucirse en el Teatro Ópera. Por ejemplo, es probable que los espectadores con debilidad por los personajes cómicos, un poco torpes, un poco naïfs, y por los gags con cierto color local elijan a Mayumana por encima del grupo británico.

De hecho, ésta es una de las características distintivas de la propuesta nacida en Israel. Me refiero, por un lado, al tino de generar situaciones capaces de divertir a gente de todas las edades y, por otro lado, a la ductilidad para adaptar juegos de palabras (de fonemas, en realidad) al idioma del país anfitrión (en esta ocasión, al castellano rioplatense).

La influencia de las danzas típicas de Medio Oriente también hace al sello propio de Mayumana. De ahí que el vestuario y la escenografía cobren mayor importancia que en la rutina «stompiana» (con perdón del neologismo).

Tal como indica la introducción de esta reseña, la paciencia y la generosidad completan el perfil excepcional de estos visitantes recientes. Paciencia porque los argentinos somos espectadores indisciplinados, ruidosos, en ocasiones irrespetuosos; generosidad porque -una vez que baja el telón- el espectáculo continúa afuera de la sala, en la entrada del teatro de turno.

Mayumaná cumple con la misión de oxigenar y renovar las energías de sus seguidores. Sin duda, el mérito es de sus cuatro ingredientes clave y de dos condiciones suplementarias, imprescindibles a la hora de congraciarse con una audiencia poco afín a las reglas del entretenimiento teatral.

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* Según informa Wikipedia, Mayumana viene de la palabra hebrea Mayumanut, que significa habilidad, destreza.