Into the wild

Hacia rutas salvajesSegún IMDb, Into the wild desembarcó en Argentina a principios de 2008, directamente en los videoclubs (nunca se proyectó en las salas comerciales), con el título aventurero de Hacia rutas salvajes. A priori llama la atención que esta película filmada por el mismísimo Sean Penn haya llegado a nuestro país sin bombos ni platillos. Curiosamente, después de verla, algunos espectadores creemos entender el porqué de tanta discreción.

Las historias testimoniales tienen sus bemoles. A la hora de recrearlas conviene evitar, por un lado, la superposición de narradores (de hecho, los entendidos en la materia recomiendan elegir con cuidado al responsable del relato: ¿será el protagonista?, ¿un testigo?, ¿un narrador omnisciente?) y, por el otro, que las eventuales constataciones, reflexiones, conclusiones del héroe se transformen en un cúmulo de parlamentos sentenciosos, lugares comunes de lenta digestión.

Al parecer, Penn ignora ambos preceptos cuando adapta la novela de Jon Krakauer. Por lo pronto, el actor devenido en guionista y director no sólo alterna narradores (entre el protagonista Chris McCandless y su hermana Billie) sino que pone en boca del elenco frases y declaraciones solemnes, trilladas, contraproducentes. De esta manera, construye un discurso estereotipado, redundante, por momentos panfletario.

Es una pena. El largometraje se luce por la fotografía del siempre estético Eric Gauthier y por la banda de sonido a cargo del vocalista de Pearl Jam, Eddie Vedder. Por otra parte, también impresiona la entrega del actor Emile Hirsch (algunos lo recordarán por su participación en Héroes imaginarios). 

Aún a pesar de estos aciertos y de las buenas intenciones del siempre comprometido Sean, Into the wild decepciona a quienes sentimos debilidad por las road movies con mensaje anti-sistema, y probablemente irrite a quienes sientan rechazo por las historias de contestatarios con final poco feliz.