Da Vinci, el genio

Exposición en el shopping AbastoA quienes conozcan poco (y quieran saber más) sobre la obra del renacentista Leonardo, a quienes no hayan tenido la suerte de ver sus trabajos originales, la exposición Da Vinci, el genio* puede resultarles enriquecedora. Destinada a un público acostumbrado a los tiempos y formatos televisivos, esta muestra presenta una suerte de zapping sobre las variadas facetas de una de las mentes más brillantes de Occidente. A pesar de algunas desprolijidades, la experiencia vale la pena como primer paso hacia el (re)descubrimiento de una inteligencia superior.

Cubrir a fondo la obra del maestro italiano sería un emprendimiento faraónico incompatible con una exhibición itinerante. Por eso, esta propuesta se limita a exponer reproducciones de los cuadros más representativos (La Gioconda, La última cena y El Hombre de Vitruvio** son las grandes vedettes), de los inventos más visionarios (los tantas veces comentados antecesores de autos, planeadores, submarinos), de los dibujos más reveladores (lecciones de anatomía que impresionan por su extrema rigurosidad), una maqueta de su ambiciosa «ciudad ideal» y algunos cuadernillos/libretas con anotaciones.

El recorrido atraviesa distintas disciplinas -pintura, escultura, dibujo, música, anatomía, ingeniería, arquitectura- y termina en una sección especialmente dedicada a La Mona Lisa. Allí los visitantes nos enteramos del trabajo de decodificación que un grupo de especialistas liderados por Jean-Pierre Mohen llevaron a cabo gracias a la utilización de rayos infrarrojos.

Cada instancia del trayecto cuenta con una suerte de gran panel que primero transcribe alguna cita de da Vinci y que luego sintetiza datos biográficos, artísticos y contextuales. Por su parte, los cuadros e inventos exhibidos están acompañados por pequeñas leyendas explicativas. En cambio -es una pena- los dibujos de anatomía carecen de toda aclaración.

Éste no es el único desatino en términos de contenido. A todas luces, el más flagrante radica en el hecho de que algunos paneles y algunos subtítulos de los videos proyectados (aquí cabe subrayar el formato televisivo mencionado al principio de este post) cometen errores gramaticales que presumiblemente se deben a traducciones literales del inglés.

Por otro lado, es cierto que la muestra explota el perfil más publicitario y/o publicitado de Leonardo, es decir su condición de genio. Esta «línea editorial» (por llamarla de alguna manera) privilegia al personaje por encima de la persona y por lo tanto propone un repaso bastante superficial.

Aún así, Da Vinci, el genio vale la pena. Por lo pronto, quienes desconozcan la prolífica e impresionante obra del artista renacentista, quienes no hayan tenido la suerte de apreciar sus trabajos originales podrán considerar esta exposición como una baño cultural que tal vez los incite a zambullirse en aguas profundas, entorno capaz de revelar mucho más.   
 
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* La compañía australiana Grande Exhibitions y la sede argentina de Time for Fun o T4F son las responsables de haber montado Da Vinci, the genius (éste es el título original). La cita es en el tercer piso del shopping Abasto. La fecha de cierre, el 30 de septiembre. El precio de la entrada, $30.

** En este evento también tuvo lugar la típica anécdota de color local que nos enorgullece a los argentinos. Al parecer, el lunes 14 de julio alguien confundió a la reproducción de El Hombre de Vitruvio con un souvenir. Por eso se lo llevó de recuerdo, probablemente para engalanar alguna pared de su departamento o para consagriarse con algún ser querido.