Everything

Para algunos, Perversa Obsesión

Al menos en IMDb cuesta encontrar información sobre Richard Hawkins, guionista y director de Everything (aquí distribuida bajo el título burdo y tramposo de Perversa obsesión). Es una pena. Quienes valoramos su película nos quedamos sin saber de dónde viene y hacia dónde va el responsable de un trabajo que -en contra de lo que sugiere la promoción local- sabe esquivar todo atisbo de regodeo voyeurista.

Al margen de tanta incertidumbre, los seguidores de Ray Winstone podemos darnos el gusto de volver a verlo en la piel de un personaje recio por fuera y tierno por dentro. De hecho, su Richard comparte algunas características con el Gal Dove que compuso en la muy recomendable Bestia salvaje: por lo pronto, disconformidad consigo mismo y su entorno, y la consecuente necesidad de un giro drástico en su vida.

De yapa, también nos damos el gusto de descubrir a Jan Graveson y de conmovernos ante la comunión actoral que establece con su co-protagonista, sin mayores artilugios que un buen maquillaje y cierto juego de luces. Tanto es así que Everything (me niego a llamarla Perversa obsesión) bien podría adaptarse al formato teatral, sin necesidad de operar grandes cambios.

El largometraje del desconocido Hawkins propone un retrato sensible del submundo de la prostitución, y también aborda la problemática de los afectos. Los parlamentos de los personajes ofrecen una lección de sobriedad, pertinencia, sensatez, y la historia tiene el tino de evitar los estereotipos y golpes bajos que suelen colarse en este tipo de relatos.

Por lo visto, habrá que seguir buscando información sobre este guionista y director inglés más allá de IMDb. Siempre es bueno saber de dónde viene y hacia dónde va el responsable de un film que cautiva, sorprende, conmueve, y de esta manera promete una carrera interesante.