Flavors of entanglement

Flavors of entanglement

En Flavors of entanglement Alanis Morissette vuelve a cantarles al (des)amor, a las contradicciones -por no hablar de miserias- humanas, al desencuentro entre los hombres y la naturaleza, a cierto sentimiento congénito de disconformidad. Claro que, a sus 34 años, la compositora e intérprete canadiense abandonó los registros poético y vocal que la hicieron famosa hace más de una década para volver a presentarse en sociedad con una voz más madura (y maleable) y con letras menos im/compulsivas.   

Que conste. El cambio no es sinónimo de borrón y cuenta nueva, al menos no en términos absolutos. De hecho, en «Straitjacket» o «Tapes» -por citar dos ejemplos- seguimos encontrando la combinación de dolor, desencanto e ironía que los detractores le criticaron en Jagged little pill. En un mismo sentido, canciones como «Citizen of my planet» o «Versions of violence» se muestran permeables a la influencia de determinada filosofía y musicalidad hindú (¿india?) que prevaleció en Supposed former infatuation junkie

Quizás lo que más sorprende en términos sinfónicos sea la inclusión de ritmos y sonidos disco que se hacen evidentes en «Straitjacket», «The guy who leaves» y en «Giggling again for no reason». Lo cierto es que, cuando escuchamos estos temas, enseguida recordamos que Alanis trabaja con la Maverick Recording Company, y nos permitimos fantasear con la idea de que su fundadora -la mismísima Madonna– haya deslizado algún comentario sobre la conveniencia de explotar cierta veta electrónica.

Paradójicamente (o no), los platos fuertes de Morissette siguen siendo las baladas. De hecho, cuanta menos parafernalia de instrumentos y arreglos, cuanto más protagonismo concedido a la inconfundible voz, tanto mejor. Así lo prueban las intensas «Orchid», «Torch» y mi favorita «Madness».

Fiel a ciertos orígenes pero con la energía puesta en lo que vendrá, Flavors of entanglement parece marcar un punto de inflexión entre un antes y un después en la carrera de Alanis. El CD recientemente lanzado se presenta entonces como un eslabón ineludible para quienes hace rato nos encadenamos a la cantautora canadiense por propia voluntad.