Café de los maestros

No hace falta ser un erudito del tango para disfrutar de y emocionarse con Café de los maestros, documental que Gustavo Santaolalla, Lita Stantic y el brasileño Walter Salles produjeron en honor a los grandes veteranos de nuestra música ciudadana. Horacio Salgán, Mariano Mores, Leopoldo Federico, Atilio Stampone, Virginia Luque son algunas de las personalidades reunidas para grabar un disco y para protagonizar un recital en el Teatro Colón, dos eventos cuyos entretelones fueron filmados bajo la dirección de Miguel Luis Kohan y que todo público medianamente sensible sabrá valorar.  

A las entrevistas realizadas de manera formal, a las anécdotas capturadas durante los ensayos, a los momentos registrados durante la función de gala, se les suman imágenes viejas y actuales de Buenos Aires, de sus barrios, de sus calles, de sus bares, de sus milongas, de sus hipódromos, de sus canchas, de sus colectivos, de su gente. La combinación entre testimonios individuales, episodios de backstage y pasajes musicales embriaga y conmueve tanto a quienes vivimos en la capital argentina como a quienes la visitaron alguna vez.

En cuanto a posibles espectadores que nunca vinieron por estos lares, es posible que se sientan atraídos por un film que los invita a asomarse a un mundo que parece de antaño, y que sin embargo se encuentra arraigado a nuestra cultura actual. Por otra parte, la calidad de la banda de sonido es otro elemento que seguramente los cautivará (en este sentido, cabe destacar el efecto absolutamente energizante que provocan los últimos minutos consagrados a la ejecución de «Taquito militar» de Mores).

Como Buena Vista Social Club, Café de los maestros también propone un homenaje que va más allá de la música y que pretende reivindicar a gente mayor alejada de la vejez que muchos tememos y que solemos concebir como sinónimo de enfermedad, postración, senilidad, muerte. No por casualidad la cámara de Kohan captura el cartel fileteado de una pizzería que dice algo así como «hay gente que cumple años, y hay gente que acumula juventud».

Habrá quien señale que el documental no limita el tango al contexto porteño, sino que lo presenta como fenómeno rioplatense. Es cierto. De ahí la convocatoria extendida a la cantora uruguaya Lágrima Ríos, la inclusión de fotos tomadas en Montevideo, y la sugerencia de un vínculo con el candombe.

Hecha la aclaración, vale la pena insistir en que no hace falta ser erudito para disfrutar de y emocionarse con Café de los maestros. Acá, en Uruguay, en Europa, en los Estados Unidos, en Japón y en la China, este largometraje será valorado porque posee la rara virtud de transmitir pasión, emoción, respeto, orgullo, fuerza y un gran sentido de identidad cultural.