The Ellen DeGeneres show

The Ellen DeGeneres showCon The Ellen DeGeneres show pasa un poco como con Movete/Venite con Georgina: uno lamenta que comediantes devenidas en conductoras hayan abandonado -por voluntad propia o forzadas por las circunstancias- su métier original. En el caso de la actriz norteamericana, las brevísimas reflexiones que ahora comparte con los televidentes son apenas una muestra ínfima de la chispa encendida, por ejemplo, en el unipersonal Here and now. Ante la comparación, no cabe duda de que el magazine catódico le queda chico/corto.

La propuesta, que Warner Channel incluyó en su programación latinoamericana hace poco, cumple con las reglas de rigor. Léase: charlas con famosos, juegos con participación del público presente o vía telefónica, mini-mini-mini recitales, chivos más o menos solapados, breves intervenciones irónicas de la anfitriona.

El horario apto para todo público -en Argentina el programa se trasmite de lunes a viernes a las 17 horas- satisface las expectativas de espectadores acostumbrados a propuestas eclécticas donde nada dura más de tres o cuatro minutos. De paso, impide la realización de ocurrencias demasiado picantes o políticamente incorrectas (como si esto fuera necesario, tratándose de Ellen).

Quizás porque abarca mucho y aprieta poco, y seguro porque la cantidad de cortes publicitarios es abusiva, el show resulta largo (la hora de duración parece no terminar nunca), y en ocasiones mal aprovechado (algunos invitados son «celebridades de primer nivel», y sin embargo el tête-à-tête es apenas un ping-pong de preguntas y respuestas muy poco disfrutables). Por si hicieran falta más tics dignos de la cultura zapping, a cada rato se nos anticipa qué vendrá después en la emisión de hoy… y en la de mañana.

Por momentos, uno juraría que la misma DeGeneres se siente sapo de otro pozo en su propio magazine. De hecho, algunas miradas y algunos suspiros parecen expresar cierta nostalgia por aquellos viejos tiempos sin relación alguna con el tan limitado arte de la conducción.