Como una sombra

Como una sombraAunque el jurado del Festival de Mar del Plata le otorgó el Astor de Plata en 2007, Como una sombra sigue sin estrenarse en las salas porteñas, al menos en el circuito comercial. Por suerte, los cinéfilos curiosos podrán buscarla en algún videoclub amigo y eventualmente descubrir la película de Marina Spada, directora italiana cuya narración lacónica y mesurada se aleja de la verborragia y efusividad habituales en muchos de sus colegas compatriotas.

Además de distinguirse como excepción a la regla, el largometraje se destaca por abordar el problema de la inmigración ilegal desde la cotidianeidad más absoluta, sin recurrir a lugares comunes ni a golpes bajos. Aunque data de 2006, el trabajo de Spada y de la guionista Daniele Maggioni adquiere particular relevancia en el marco actual de la nueva política migratoria hace poco anunciada por la Unión Europea.

La historia que protagonizan Claudia y Olga sugiere el (des)encuentro de dos Europas: la Europa pertenciente al Primer Mundo, abúlica, desconectada de lo que sucede más allá de sus fronteras, y la Europa periférica, excluída del proyecto regional, condenada a la condición de lastre descartable. Sin ninguna pretensión intelectualoide, el largometraje se las ingenia para sugerir el contraste social, económico, cultural y para concientizar sobre la necesidad de algún tipo de reacción que ponga fin a esta suerte de desequilibrio regional.

La preponderancia de lo visual por encima de lo verbal, la banda sonora, las actuaciones de Anita Kravos, Karolina Porcari y Paolo Pierobon conforman los aspectos más destacables de esta propuesta. Por otra parte, es probable que algunos espectadores le reprochen al relato cierta «falta de acción» (ver cierta «lentitud») y un desenlace poco concluyente en términos convencionales.

Aún así, Como una sombra es un título recomendable. Sobre todo para quienes quieran conocer otra cara del cine italiano, y de paso asomarse a la problemática de una Europa escindida a pesar del supuesto ideal unificador.