Antes de partir

Antes de partirAntes de partir es una de esas películas «contradictorias» que podemos tolerar mientras dura, y que al final termina ofuscándonos. Al film de Rob Reiner lo padecemos por tres razones fundamentales: porque -hagan lo que hagan, aún cuando se repiten- Jack Nicholson y Morgan Freeman suelen salir airosos; porque confiamos en la experiencia de quien también dirigió las inolvidables Cuenta conmigo y Cuando Harry conoció a Sally; porque en algún punto siempre estamos dispuestos a creer en un destino indulgente, generoso, complaciente. Lo curioso es que, justo cuando repasamos estos motivos, en ese preciso momento, nos invade la indignación.

Hay que reconocer que, para encarnar a un señor veterano simpático, bon vivant, travieso, inasible y algo tiranuelo, nadie mejor que el viejo Jack (este, este y este otro otro título así lo demuestran). Asimismo, para encarnar a un hombre maduro, sensato, probo, enternecedor, ligeramente pícaro, nadie mejor que el viejo Morgan (este, este y este otro título así lo demuestran). Si además la historia gira en torno a una pareja dispareja (blanco/negro; rico/pobre; mujeriego/familiero), la dupla Nicholson-Freeman suena ideal.

El problema surge cuando tanta coincidencia cinematográfica nos confunde, y creemos asistir a un videoclip compuesto por imágenes extraídas de otros largometrajes, de otros personajes, de tiempos mejores. El efecto déjà vu se convierte entonces en un fenómeno tan inevitable como nefasto.

Cuando recordamos que Reiner dirige esta propuesta, invertimos el mecanismo de asociación pero obtenemos un resultado igualmente frustrante. Dicho de otro modo, en este punto sí esperamos encontrar más de lo mismo (algún sketch comparable a los tantas veces comentados por los fanáticos de Harry y Sally, o alguna escena conmovedora a la altura de las que hicieron famoso al por entonces novato River Phoenix), y sin embargo sólo nos topamos con un intento por superar un último traspié.

Cuando de muerte se trata, conviene andar con pies de plomo, sobre todo en caso de querer filmar una comedia dramática. Por lo pronto, el género evoca los peligros de una calzada resbaladiza: existe la posibilidad de que terminemos despatarrados en la banquina de la sensiblería y el lugar común.

De hecho, esto es exactamente lo que sucede con el guión de Justin Zackham y, por carácter transitivo, con toda la mise en scène de Antes de partir. A lo sumo los espectadores podrán reírse y llorar mientras dura el film pero, eso sí, después deberán lidiar con ciertos planteos… y con cierto enojo también.