Sobredosis de virtualidad

Primera dosis
Primera dosis. iGoogleA medidados de esta semana, descubro las bondades de iGoogle. Quedo anodada ante la opción de reemplazar la homepage minimalista del célebre buscador, y ante la multiplicidad de aplicaciones que podemos incorporar a modo de widgets, para optimizar el uso que hacemos de la Web.

No dejo de pensar en el libro Googléame, de la francesa Bárbara Cassin, que en breve terminaré de leer, y que seguramente tendrá su propia reseña en Espectadores. Empiezo a sentir sudor y escalofríos en la espalda.

Segunda dosis
Segunda dosis. Twitter según Common CraftTambién a mediados de esta semana, Mariana me recomienda vía correo electrónico un video de Common Craft que explica de manera muy gráfica el funcionamiento de los blogs (dicho sea de paso, el material habría encajado justo en la serie de charlas que Clarín le dedicó a blogósfera en la Feria del Libro). Entusiasmada por la originalidad con la que Sachi y Lee LeFever se dedican al negocio de la capacitación -o de la explicación («our product is explanation», aseguran aquí)- sigo recorriendo las páginas del sitio y me encuentro con una presentación sobre Twitter.

El método de las pequeñas cartulinas no deja de entretenerme, pero ciertas frases pronunciadas por la voz en off terminan describiendo un cuadro de situación que me resulta asfixiante. Me refiero a la existencia de una tal Carla, adicta al celular, asidua lectora de bitácoras, convencida de que el seguimiento de sus conocidos a través de Twitter le da acceso al mundo real, y por fin decidida a publicar sus propios mensajes twitterianos para darse a conocer vía mail, sms, posts y ahora flashes informativos de a lo sumo 140 caracteres.

Tercera dosis
Tercera dosis. FacebookDespués de meses de resistencia intransigente, ayer flaqueo y me anoto en Facebook. Contrariamente a lo que había imaginado, la novedad de este servicio excede ampliamente la posibilidad de subir un perfil y de crear una red social con viejos/actuales amigos/compañeros/conocidos. De hecho, nos convertimos en dueños de un espacio que podemos enriquecer con numerosas aplicaciones destinadas a, por un lado, mostrar los distintos aspectos de nuestra persona/vida y, por el otro, diversificar el tipo de vínculo que mantenemos con los contactos asociados. ¡Que viva la versatilidad!

En cuestión de minutos me zambullo en un presente virtual -una suerte de dimensión paralela- donde coinciden compañeros de colegio que no veo hace 18 años, personas con quienes trabajé hace casi diez, seres queridos de ayer, hoy y siempre, colegas bloggers que no tengo el gusto de conocer en persona y nombres que -sospecho- tarde o temprano engrosarán la lista inaugurada.

De repente, recuerdo el chiste que me permití mandarle a Vanina por si quería publicarlo en su blog, y tomo conciencia de mi cabeza afiebrada, prácticamente incrustada en la pantalla de la computadora, sometida a avisos, alertas, notificaciones que me alejan de la triste realidad y que ponen de manifiesto los efectos de una -en ese sentido efectiva- sobredosis virtual.