La León

La LeónDespués de meses de amagues varios, ayer jueves por fin se estrenó en las salas porteñas La León, primer largometraje de Santiago Otheguy que curiosamente hace días también desembarcó en los Estados Unidos, no en el circuito comercial, sino en el marco del New York LGBT Film Festival o -más corto- NewFest. Aunque promocionada por ser «de interés gay» *, la película aborda el tema de la discriminación más allá de la cuestión homosexual. De paso, retrata a una Argentina profunda que sobrevive escondida a escasos kilómetros de nuestra capital.

En la historia imaginada por este joven realizador argentino radicado en Francia, El Turu es el personaje encargado de representar/personificar a la intolerancia, mientras Álvaro y los llamados «misioneros» son los responsables (involuntarios) de exacerbarla. La idea de un conflicto tan tajante, tan bipartito, podría haber engendrado un relato maniqueo. Pero por suerte el guión que Otheguy escribió con Juan Solanas sabe evitar los estereotipos y el facilismo.

Ni El Turu pertenece a la categoría estanca de bestia aborrecible; ni Álvaro es la típica víctima indefensa. Al contrario, la naturaleza fluctuante de su relación admite un intercambio de roles en términos de poder y de fuerza, que permite mostrar las distintas aristas de la discriminación.

Sin dudas, las actuaciones impecables de Jorge Román y Daniel Valenzuela son determinantes a la hora de trabajar matices y de componer personajes de carne, hueso y alma, a salvo del peligro unidimensional. Por otra parte, las intervenciones del resto del elenco -la mayoría lugareños, sin experiencia actoral- sazonan el relato con cierto condimento social y regional que le roba exclusividad a la cuestión homofóbica.

Un poco como Albertina Carri en La rabia, da la sensación de que Otheguy también elige filmar lejos de la ciudad (en su caso, en islas del Delta del Paraná) para convertir a la naturaleza en escenario ideal donde poder estudiar un aspecto de la condición humana -la violencia visceral, en la propuesta de Carri y el miedo a lo distinto, en la de Otheguy- sin la interferencia de la vorágine urbana. En este punto cabe destacar el protagonismo que en La León adquieren el río, los juncos, los árboles gracias a la excelente fotografía en blanco y negro de Paula Grandío.

Al margen de un desenlace que puede resultar apresurado, quizás algo improvisado, esta co-producción franco-argentina tantas veces postergada presenta pocos puntos vulnerables. De hecho, estamos ante una ópera prima que bien puede funcionar como tarjeta de presentación de un director que promete y que -ante la posibilidad de algún otro estreno problemático (Dios no lo permita)- siempre valdrá la pena esperar.

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* Además de la inclusión en la programación oficial del mencionado New York LGBT Film Festival, hay que recordar la distinción especial que La León obtuvo en la entrega de los Premios Teddy de la Berlinale ’07.