Campaña por la S. Mea culpa

En los viejos westerns los sheriffs suelen decir «well, well, well» (versión original) o «vaya, vaya, vaya» (versión doblada) antes de disparar algún comentario sarcástico. En inglés o en español, la expresión viene aquí como anillo al dedo -primero- para hacer justicia en nombre de la Ley, y -segundo- para señalar la paja en el ojo… propio (a no confundir con la anécdota del ojo astillado).

Tanto insistir sobre la necesidad de resucitar a la ” s ” omitida en la pronominalización plural del objeto indirecto, tanto criticar a los periodistas del Grupo Clarín por los errores que suelen cometer cuando escriben/hablan, tanto protestar por el maltrato que sufre nuestro castellano rioplatense, tanto amenazar con liberar a la docente quisquillosa que llevo adentro, y resulta que ¡yo también meto la pata hasta el caracú!

Antes y después del efecto Ciruela-Siruela.

Ayer, el muy discreto y pertinente Adivinador del Pasado tuvo la amabilidad de escribirme otro mail, esta vez para enviarme un link del diario La Nación. El artículo correspondiente explica que la expresión «maestro/a Siruela» no tiene absolutamente nada que ver con la fruta laxante-veraniega sino con el nombre de un pequeño pueblo español (aquí, los detalles de la explicación).

Ante semejante lección de etimología, la maestra ciruela que llevo adentro sintió vergüenza, bochorno, calor. Por eso empezó a transpirar, tanto que se deshidrató, tanto que quedó reducida a un símil disecado. Delicia tentadora para algún alumno jíbaro. Miniatura caricaturesca de lo que alguna vez fue. Candidata nominada para partir bien lejos, al pueblo homófono tal vez.

Well, well, well… Vaya, vaya, vaya… No cabe duda. He aquí una nueva perlita para la siempre vigente -y creciente- fe de erratas espectadoriana.

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PD. Adivinador, gracias de nuevo por desasnarme. 😉