Con Speedy, en Tiananmen

Después de uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis tiros por elevación contra la publicidad que vemos en la sacrosanta televisión argentina, hoy le toca ser el blanco a la reciente (y muy insistente) campaña del Grupo Telefónica, «Con Speedy sos capaz de todo». Así es. Me refiero al spot protagonizado por un muchacho que pregunta -y termina respondiendo- porqué la mayoría de las sillas donde nos sentamos cuando usamos una computadora tienen rueditas.

El planteo dispara distintas situaciones que muestran toooodo lo que podemos hacer con una buena conexión a Internet, sin necesidad de desviar los ojos de la pantalla de nuestra PC o, en otras palabras, sin necesidad de mover nuestro trasero: viajar, asistir a recitales, participar en carreras de autos, ¡y hasta detener el avance de tanques militares! como si estuviéramos en medio (siempre de manera virtual) de la famosa manifestación de Tiananmen.

Banner publicado en el sitio de Speedy. A la izquierda el protagonista de la nueva campaña, sentado en una silla de ruedas... Perdón, con rueditas.

Lo que en principio parece una simple humorada (basada en la ocurrencia de mostrar a un joven «adherido» a una silla de oficina en contextos inverosímiles) pierde gracia cuando la comparación entre el acceso web y la libertad individual se torna solemne, y entonces confunde presencia e inmediatez online con participación y compromiso en escenarios reales y peligrosos. Por lo pronto, el solo hecho de suponer que hacer un clic, mandar un mail, dejar un comment o redactar un post equivale a plantar nuestro cuerpito frente a una posible represión militar suena casi-casi a una broma de mal gusto*.  

El spot también corre el riesgo de sugerir un paralelismo poco feliz entre una silla con rueditas y una silla de ruedas. A título personal, debo admitir que la posibilidad de hacer toooodo desde un mismo lugar -una silla de oficina en representación de Internet- me causa más terror que entusiasmo, tal vez porque asocio el personaje de Telefónica/Speedy a un discapacitado con movilidad reducida o, dicho de un modo más brutal, a una persona paralítica.

Busqué sin éxito información institucional sobre esta campaña. Lo más interesante que encontré es un banner gigante, que recrea el desplazamiento del protagonista y cuya versión reducida ilustra esta entrada, y la gacetilla de prensa que varios sitios y blogs se encargaron de difundir.

Dadas estas circunstancias, habrá que confiar en que algún visitante de Espectadores sepa revelar quiénes fueron/son los responsables primeros (indirectos e involuntarios, pero primeros al fin) de este ¡séptimo! tiro por elevación contra la publicidad emitida por nuestra sacrosanta televisión.

______________________________________
* Pregunta un poco fuera de tema. ¿Quizás este post sea una buena excusa para volver a hablar de la legitimidad y el alcance del activismo virtual?