El periodista y el asesino

Después de haberle dedicado uno, dos, tres posts al Día del Periodista, me cuesta redactar algo medianamente original para este 7 de junio. Al mismo tiempo, me resisto a dejar pasar una fecha que me resulta significativa por motivos personales y profesionales. Probablemente inspirada por el deseo de conmemoración, me acordé de El periodista y el asesino, libro que Janet Malcolm publicó en 1990 y que los interesados en este oficio haríamos bien en (re)leer.

Antes de seguir, cabe señalar que el trabajo de esta escritora (y periodista) checa nacionalizada norteamericana corre el riesgo de escandalizar a quienes creen en la versión idílica de la prensa, es decir, en la imagen de un «cuarto poder» impoluto, siempre al servicio de la Verdad, la Libertad y la Justicia. De hecho, es muy probable que estas personas rechinen los dientes cuando lean la introducción de la obra.

La transcribo a continuación…

Todo periodista que no sea demasiado estúpido o demasiado engreído para no advertir lo que entraña su actividad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza, que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de éstas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno”.

El periodista y el asesino se concentra en la compleja relación que establece un reportero con el protagonista de «su» nota o noticia. De alguna manera, evoca el vínculo que Truman Capote mantuvo con Perry Smith mientras escribió A sangre fría (en este punto vale recomendar las películas de Douglas McGrath y de Bennett Miller) y sin dudas aborda el dilema de la ética profesional.

Malcolm hace honor a su métier, no sólo como narradora, puesto que su prosa es concisa y ágil, sino también como poseedora de una mente lúcida, crítica, irónica, reveladora. Todas virtudes que necesitamos reivindicar quienes tenemos la intención de seguir conmemorando cada 7 de junio.