El inadaptado

El inadaptadoEl inadaptado y El hombre disconforme fueron los títulos elegidos por los distribuidores locales para promocionar Den brysomme mannen, co-producción islando-noruega que formó parte de la programación del Festival de Mar del Plata de 2007, y que pasó sin pena ni gloria por la cartelera porteña hace un par de meses. Los afortunados podrán encontrar alguna copia en su videoclub amigo; el resto se quedará con las ganas de ver una fábula tragicómica sobre las bondades de una sociedad en ciertos aspectos parecida al mundo feliz que Aldous Huxley supo describir.

Con muy poco parlamento y con escenarios y personajes típicamente escandinavos, el director Jens Lien se las ingenia para contar una historia ambientada en una ciudad en principio ideal, libre de contratiempos, de desperfectos, de pobres, de maldades, de dolores y de olores. Por lo visto, hasta la mismísima muerte fue expulsada del lugar (la ausencia de La Parca evoca ciertos pasajes de las intermitencias imaginadas por Sarmago).

Tal vez inspirado en el mencionado Huxley, el guionista Per Schreiner retrata a ciudadanos inexpresivos, desapasionados, insípidos, abúlicos que, sin embargo, no dudan en definirse en tanto personas satisfechas, siempre dispuestas a compartir su bienestar con el prójimo, aún cuando se trate de un recién llegado escéptico, intranquilo, incómodo. Como en otras fábulas de estas características, la aparición de un extraño -de un extranjero, si retomamos el título de Albert Camus- se convierte en elemento fundamental y fundacional de la crítica que se pretende desarrollar.

En este sentido, cabe destacar la actuación de Trond Fausa Aurvaag, capaz de transmitir el malestar particular de Andreas y de encarnar la figura universal del eterno disconforme. Asimismo, habrá que señalar el trabajo de un elenco acertado a la hora de recrear el comportamiento autómata, desarraigado, indiferente de quienes habitan esta ciudad por momentos fantasmagórica.

A veces con ironía (pienso en la escena del almuerzo laboral donde los comensales intercambian opiniones sobre distintos modelos de sillones), a veces con sordidez (pienso en las escenas en el subte), El inadaptado nos invita a vislumbrar la versión exacerbada de la sociedad de consumo actual y, por qué no, a evaluar nuestro propio comportamiento en un mundo cada vez más afecto al proyecto de un bienestar narcotizante e inhibidor.