El mejor de los mundos

Algunos creen que los usuarios porteños somos como el Cándido que Voltaire imaginó hace dos siglos y medioLos desafortunados que nos desplazamos por la ciudad de Buenos Aires en colectivo, tren y/o subte somos expertos en acumular anécdotas que ilustran la conducta irresponsable, a veces criminal, de quienes brindan los distintos servicios públicos de transporte urbano de pasajeros. De hecho, éste, éste, éste, éste y éste son algunos de los emprendimientos bloggers que denuncian las fallas, faltas y violaciones cometidas por las empresas responsables, y que de paso señalan la indiferencia/ incompetencia/desidia gubernamental.

Precisamente, el contenido precario y desactualizado del sitio que la intervenida Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) mantiene (¿?) en Internet es apenas un indicio del abandono estatal. Para constatarlo, basta con echarles un vistazo a estas estadísticas, a este «instructivo sobre controles» o a esta página web rudimentaria.

En la estación Belgrano R los usuarios del ramal Mitre/Suárez de TBA podemos dejar nuestras sugerenciasPor si los accidentes producto de este desmadre no conformaran la consecuencia más lamentable, por si la impunidad de las prestatarias no fuera razón contundente para armar un escándalo, por si la ausencia de una política oficial realmente comprometida con los derechos del usuario no fuera un motivo legítimo de indignación, por si el delirio del Tren Bala no resultara lo suficientemente provocador, todavía hay algo más: llamémosle «la gota que rebalsa el vaso».

Me refiero a la burla desembozada que suponen la colocación de «buzones de sugerencias» en estaciones de trenes y la proliferación de carteles adheridos a la carrocería de los colectivos. En este último caso, las pancartas pretenden abogar por la instalación de «carriles exclusivos», por la construcción de pequeños refugios en lugar de los postes habituales que hacen de parada. De paso, buscan proteger «la dignidad» de los pasajeros tratados como ciudadanos de segunda categoría*.

Ahora los propietarios de los colectivos se preocupan por el tiempo ¡y la dignidad! de los pasajeros

Lo curioso del asunto es que esta suerte de «giro institucional» no incluye ningún amague de mea culpa, ni siquiera desliza la intención de revertir la inconducta que a todas luces es propia del sector. Salvando las distancias entre rubros, las empresas de transporte público coniciden con los bancos en tomarnos por idiotas -en el mejor de los casos por desmemoriados- y en considerar que sus campañas sabrán convencernos de que estamos a un paso de vivir en –Cándido dixit- «el mejor de los mundos posibles».

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* Las palabras encomilladas corresponden a textos reales que circulan en distintos puntos de la ciudad, incluídas calles y estaciones.