La verdad sobre George Lucas

Después de insinuar –aquí– en quién se habría inspirado el genial Quino para dibujar el rostro de Susanita, después de revelar –aquí, aquí y aquí– el vínculo sanguíneo/familiar/fraterno que une a personalidades (en principio inconexas) del show business internacional, después de anunciar –aquí– el desembarco local de la versión hollywoodense de los casos Belsunce y Dalmasso, después de señalar –aquí– la verdadera causa del feroz incendio que antes de ayer se desató en los estudios Universal de California, Espectadores se propone sacudir nuevamente a la blogósfera vernácula con la siguiente primicia no apta para poseedores de corazones hípersensibles.

Atención fanáticos de las sagas La Guerra de las Galaxias e Indiana Jones, el exitoso y venerado George Lucas tiene un pasado secreto, oscuro, oprobioso que nunca se atrevió a confesar, y que este post osa difundir sin piedad. De hecho, el cineasta pretendidamente norteamericano no nació el 14 de mayo de 1944 en Modesto, California, tal como las biografías oficiales insisten en informar, sino el 13 de abril de 1885 (hace tiempo ya) en Budapest, Hungría.

György Lukács y George Lucas. Dos nombres y dos rostros para un mismo desertor húngaro nacionalizado norteamericano

Según consta en diversos documentos antiguos y contemporáneos, el longevo (¡longevísimo!) -por favor, presten atención- György Lukács o Georg Lukács se crió en el seno de una familia de banqueros judíos y se desempeñó como filósofo (marxista y hegeliano), historiador, funcionario público y crítico literario. Cuando el 11 de febrero de 1971 la entonces Unión Soviética lanzó un plan quinquenal orientado a la producción de bienes de consumo, este incondicional del leninismo se sintió traicionado por el régimen brezhneviano y decidió escapar a los Estados Unidos en calidad de refugiado político.

El Gobierno de Richard Nixon lo recibió con los brazos abiertos pero, eso sí, por cuestiones de seguridad, la siempre precavida e ingeniosa CIA exigió que el desertor simulara su muerte, anglificara su nombre y se sometiera a cirugías estéticas destinadas a borrarle los rasgos eslavos y a rejuvenecerlo notablemente. Lukács -convertido en Lucas- aceptó con la sola condición de que le permitieran usar una barba (bien recortada, para no levantar sospechas) en homenaje encubierto a su adorado y admirado Karl Marx.

Mañana miércoles 4 de junio, las efemérides del mundo entero conmemorarán el fraguado fallecimiento del filósofo/político/crítico/historiador convertido en prolífico y exitoso cineasta (ante la duda, consultar aquí). La mentira se mantuvo en pie hasta hoy, durante casi-casi 37 años. Ya era hora de contar la más pura (¿e incómoda?) verdad sobre el camaleónico György/Georg/George.