La pasión de Beethoven

La pasión de BeethovenTarde pero seguro, en La pasión de Beethoven (prefiero el título original, Copying Beethoven) Ed Harris prueba que Hollywood cometió un error -también una injusticia- al condenarlo siempre a roles secundarios. Por lo pronto, en manos de Agnieszka Holland, el actor norteamericano despliega toda su energía para encarnar al gran Ludwig en sus años de vejez, gota y sordera. De ahí la posibilidad de descubrir al maestro en sus facetas diferentes, contradictorias, provocativas, siempre atractivas.

Así como en Amadeus los espectadores accedemos al retrato de Mozart a partir del testimonio de un Salieri resentido, delirante, gagá, aquí el testimonio -mucho más sosegado- queda a cargo de la joven e inexperimentada aprendiz (hoy en día, una pasante) Anna Holtz. Si bien ambas películas buscan acercarnos la genialidad musical desde una perspectiva distinta, contraria a la biografía de manual, la directora polaca tiene menos intenciones de escandalizar que Milos Forman (que Peter Shaffer en realidad).

Además de concentrarse en la personalidad de Beethoven, Holland desmenuza la relación entre maestro y discípula. Relación a veces estrictamente profesional, a veces pedagógica, a veces de amistad, a veces de competencia. Quizás una de las escenas más emotivas en este sentido es aquélla que los muestra a ambos dirigiendo «la première» de la Novena Sinfonía, en una comunión absoluta.

De esta manera, el film propone el fresco de un pasado donde también hay espacio para el machismo, para el miedo a la vejez, para cierta aprehensión a lo no convencional, para la conformación de un público caprichoso, por momentos tirano, por momentos indiferente, por momentos incondicional.

A tono con la mayoría de las producciones europeas de este tipo, La pasión de Beethoven se luce por una reconstrucción de época impecable que incluye la ejecución de piezas musicales reconocibles y disfrutables, así como la fiel caracterización de los personajes retratados.

En este punto cabe recalcar la composición que la alemana Diane Kruger hace de la joven Holtz, e insistir en el valioso trabajo del veterano -hasta ahora injustamente relegado- Harris.