Crimen en el country

Film disponible únicamente en RosarioQuién hubiera imaginado que los casos García Belsunce y Dalmasso llegarían a oídos de los cráneos de Hollywood, e inspirarían una nueva propuesta para la pantalla grande. Quién hubiera imaginado que el mismísimo Martin Scorsese aceptaría producir la recreación de dos crímenes sudacas, tan lejanos, en un contexto californiano. Quién hubiera imaginado que los distribuidores porteños se negarían a pagar los derechos necesarios para estrenar este drama en su propia ciudad y que, por eso, la película protagonizada por Daniel Day-Lewis y Hilary Swank sería patrimonio exclusivo de los videoclubs más preciados de Rosario (así es, de Rosario).

Inner crime es el título en inglés de este largometraje convertido en figurita difícil para los coleccionistas de rarezas cinematográficas. En la ciudad santafesina se vende/alquila como Crimen en el country, un poco en alusión a las raíces autóctonas de la historia contada, otro poco en homenaje al libro original que un equipo de guionistas novatos adaptó bajo la dirección del compatriota -hace años expatriado- Eugenio Zanetti.

La anécdota viene a cuento porque la novela de Emmanuel Rojstik (En el country sucedió un crimen, creo) es la gran responsable de que este film sólo se distinga por su condición de curiosidad digna de algún cinéfilo excéntrico. Por lo pronto, basta con fijarse en el título del mencionado libro para sospechar lo que su versión cinematográfica confirma: la inexistencia de una hipótesis que valga la pena descubrir/desarrollar, la ausencia de una estructura narrativa sólida, la escasez de argucias concretas y atractivas.

Para que no quepan dudas, me permito revelar un detalle ajeno a elementos clave de la trama, y que en cambio muestra la confusión generada a partir de imprecisiones flagrantes. Me refiero a la decisión de que Day-Lewis interprete a un tal George Dalmasso, por «Jorge» Carrascosa y el apellido de Norita, y que Swank encarne a una tal Norah Hurtig, por la hermanastra de María Marta.

A este gran déficit narrativo, hay que sumarle el problema de los contrastes abismales. De hecho, resulta inadmisible que una mega-producción internacional (cabe señalar la inversión de capitales no sólo estadounidenses, sino también británicos y finlandeses) convoque a las estrellas mencionadas, también a Gustavo Santaolalla para la composición de la banda sonora, y al mismo tiempo se atreva a intercalar cameos de Rolo Puente y Eda Bustamante.

A todas luces, Inner crime o Crimen en el country es un claro ejemplo de cuán delirante puede ser una propuesta asociada a la creatividad hollywoodense. Aún cuando la asociación sea ficticia y la propuesta en cuestión, inexistente.