Lars and the real girl

Lars y una chica de verdadLars y una chica de verdad es la traducción que en España le asignaron a Lars and the real girl, película que el norteamericano Craig Gillespie filmó el año pasado, y que ahora los videoclubs argentinos alquilan y promocionan con el título original. En principio ocurrente y atractiva, la historia escrita por Nancy Oliver termina convirtiéndose en una fábula previsible sobre la soledad, la solidaridad y el poder sanador del amor. A lo mejor el resultado habría sido distinto si la guionista se hubiera despreocupado por difundir un mensaje aleccionador.  

Ryan Gosling conmueve con la interpretación de un joven retraído que se enamora de una muñeca inflable, absolutamente convencido de que se trata de una misionera brasileña y paralítica. Así descripta, la anécdota parece inspirada en un sketch de Little Britain pero -atención- este largometraje apuesta a la solemnidad antes que al sentido del humor.

Que conste. Esta reseña no pretende reprocharle al film su condición de fábula. Desde este punto de vista, no tiene sentido cuestionar el protagonismo adjudicado a una comunidad cuyos miembros (todos sin excepción) saben comprender, aceptar, acompañar al confundido protagonista. Tampoco tiene sentido despotricar contra un final feliz que podemos anticipar de lejos.

Lo que sí cabe destacar -y eventualmente criticar- es el empecinamiento en subrayar las enseñanzas que hacen a la moraleja de la historia. Las conversaciones imaginarias que Lars mantiene con la muñeca y los diálogos (reales) que sostiene en una suerte de terapia encubierta se convierten en sermones largos y redundantes que insisten en la necesidad de contar con el prójimo. Un prójimo de carne y hueso -no de látex- claro está.

Al margen de lo trillada que puede resultar esta oda a la humanidad (con «h» minúscula y mayúscula), Lars and the real girl es una película en definitiva inofensiva, siquiera incapaz de exasperarnos. Dicho esto, cuesta no lamentar el desaprovechamiento de una idea en principio ocurrente y atractiva, pero edulcorada al extremo de empalagar.