I’m not there

Anticipo
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En principio, hoy empieza la cuenta regresiva (de diez días) para que la publicitada I’m not there se estrene en Buenos Aires. La promoción de la película de Todd Haynes opera a partir de tres ganchos, aquí enunciados por orden de importancia: 1.- la intención de tributo al gran Bob Dylan con la consecuente inclusión de una banda de sonido propicia; 2.- la exhibición de uno de las últimos trabajos del difunto Heath Ledger; 3.- el travestimo de Cate Blanchett. Mientras el primero seguro sabrá cautivar a los seguidores del trovador estadounidense, los otros dos podrán captar la atención de los no fanáticos… por un tiempo limitado.

Es lógico que la tarea de abordar las distintas facetas del prolífico cantautor y la decisión de pasar canciones enteras consuman celuloide, y por lo tanto tiempo. Asimismo es lógico que una propuesta multi-estelar (recordemos que, además de los mencionados Ledger y Blanchett, también participan Christian Bale, Richard Gere, Julianne Moore, Charlotte Gainsbourg, Michelle Williams, Ben Whishaw y Kris Kristofferson en tanto narrador en off) deba concederle un espacio considerable a cada una de las celebridades convocadas.

Dicho esto, es igualmente lógico que un film que dura dos horas y cuarto, con idas y vueltas en el tiempo, con una combinación de actores protagónicos que deben encarnar las distintas capas existenciales de un mismo personaje corra serios riesgos de resultar excesivamente largo, e incluso indigesto.

Es cierto que, durante un tiempo, uno puede deleitarse con las citas del «maldito» Arthur Rimbaud, con la excelente actuación de Cate, con el parecido físico entre Bale y Dylan, con cierto recuerdo nostálgico de Heather, y por supuesto con tanta música interpretada y subtitulada. Pero llega un momento en que estas distracciones terminan diluyéndose en el fárrago de parlamentos interminables, de alegorías redundantes, de tiros por elevación contra un presente «bushiano» bastante parecido a un pasado «nixoniano».

[Comentario al margen. Este paralelismo ya fue tratado en la mucho más sintética, y mucho menos promocionada, USA vs John Lennon.]

Sin dudas, I’m not there es una mega-producción impactante en términos de recreación histórica y biográfica, y un trabajo conmovedor en cuanto transmite la enorme admiración que seguramente guió a Haynes y a todo su equipo. Lamentablemente quienes no compartimos esta pasión por Dylan tampoco podemos compartir la pasión por una película que sólo los muy entendidos sabrán apreciar, disfrutar y recomendar.