The ten

The tenImaginen a un Paul Rudd encargado de conducir un programa impresentable, a una Winona Ryder enamorada del muñeco de un ventrílocuo, a una Jessica Alba limitada al rol de chica tonta, a un Adam Brody (el morocho de The OC) confinado a quedar enterrado hasta el cuello en un descampado, a un Liev Schreiber convertido en policía obsesionado por comprar más tomógrafos computados que su vecino. Luego agréguenle a estos flash imaginarios otras escenas igualmente inconexas y descabelladas pero protagonizadas por actores desconocidos. Por último, intenten relacionar el rompecabezas fantasioso con los célebres diez mandamientos.

A grandes rasgos, éste es el resumen de The ten, película que pretende abordar con ¿acidez? ¿irreverencia? las reglas fundamentales difundidas por Moisés y que hace gala del humor más burdo, previsible, aburrido. Si Charlton Heston se levantara de la tumba y descubriera la indigesta obra de David Wain, este otro milagro de resurrección duraría apenas un suspiro.

En el mejor de los casos, lo único rescatable de esta propuesta es que se trata de una serie de cortometrajes, uno por cada mandamiento. Quizás por eso los valientes que se empecinen en mirarla podrán terminarla. Con un poco de esperanza elegirán creer que el próximo «sketch» será mejor, o no tan malo.

Exhibida en el Festival de Sundance de 2007, The ten nunca desembarcó en Argentina. Bienaventurados quienes habitan estas tierras, pues ningún desprevenido podrá convertirse en víctima de este otro chasco cinematográfico, al menos no en una sala del circuito comercial.