Persépolis

PersépolisQuienes saben de ilustración aseguran que Persépolis hace gala de una estética deliciosa, digna de un 10. Aún los legos en la materia podemos reconocer que el trabajo de Marjane Satrapi es minucioso, rico en trazos, texturas, luces y sombras. Sin dudas, esta autobiografía animada basada en el comic homónimo original reivindica la noción de elaboración artesanal en un rubro también copado por los grandes tanques de la industria. Por si esto fuera poco, el guión que la misma Satrapi reescribió junto al historietista Vincent Paronnaud conmueve hasta la médula.

En medio de tanta paranoia anti-terrorista, anti-árabe, anti-Irán, esta co-producción franco-norteamericana se distingue por evitar el maniqueismo que nuestros medios de comunicación suelen explotar cuando se refieren al mundo islámico. Por lo pronto, aquí se habla de fundamentalismo religioso, del sometimiento de la mujer, de la guerra con Irak, de un pueblo sumido en la miseria, pero también se habla de la injerencia de países occidentales (Gran Bretaña y Estados Unidos) instigadores, oportunistas, responsables directos de tragedias desatadas en una región que en teoría no les pertenece.

El relato que Satrapi hace de su infancia y adolescencia tiene ciertos puntos en común con algunos recuerdos de quienes fuimos niños/púberes durante la última dictadura que padeció la Argentina. Por eso la evocación de seres queridos víctimas del terrorismo de Estado o la crónica de un exilio forzado sacuden particularmente a algunos espectadores.

El carácter personal -por momentos generacional- de esta aproximación histórica permite que algunos episodios más íntimos, menos ligados a las desventuras padecidas por el país, sean narrados con sentido del humor. Pienso, por ejemplo, en la escena que recrea la irrupción abrupta de los cambios físicos ocasionados por la adolescencia, y en aquélla que muestra los efectos de un segundo desengaño amoroso.

Además de destacarse en cuanto a animación y a guión, Persépolis también se luce gracias a la participación de Chiara Mastroianni, Catherine Deneuve y Danielle Darrieux. Estos tres grandes nombres del cine francés les prestan sus voces inconfundibles a la protagonista, a su madre y a su abuela.

Así se cierra el círculo de una propuesta redondita en términos estéticos y narrativos. Cualidad que no sólo los entendidos en la materia sabrán apreciar.