Muerte en un funeral

Muerte en un funeralAtención. Quienes vayan a ver Muerte en un funeral con la esperanza de asistir a alguna reedición de la exitosísima Cuatro bodas… corren el riesgo de desilusionarse. De hecho, la película dirigida por Frank Oz explota ese otro humor británico más cercano a los sketches grotescos y escatológicos de Little Britain que a las carismáticas comedias románticas protagonizadas por el siempre vacilante Hugh Grant. Sin dudas, la historia pergeñada por Dean Craig tiene sus momentos desopilantes, pero probablemente no todos los espectadores puedan encontrarles la gracia a las intervenciones de un enano homosexual y a las desventuras de un viejo paralítico con descompostura intestinal.

Sobre gustos no hay nada escrito y sobre el sentido del humor, tampoco demasiado. Por eso, en casos como éste, conviene evitar la discusión bizantina sobre los distintos niveles de comicidad, y en cambio concentrarse en la destreza cinematográfica… si es que lo hay.

Desde este punto de vista, el guión de Craig está bien trabajado en cuanto a la cualidad ocurrente de ciertas situaciones (por ejemplo, el equívoco con las píldoras), al manejo de los tiempos entre gags (no parecen cronometrados), y a la caracterización de determinados personajes (mi preferido es el alucinado Simon, interpretado por el norteamericano Alan Tudyk). Además, como la mayoría de las comedias ambientadas en el Reino Unido, ésta también sabe tomarles el pelo a la famosa flema y a otros atributos británicos. 

Por otra parte, cabe destacar las actuaciones en general, y las de Ewen Bremner, Kris Marshall, Peter Vaughan (muchos lo recordarán por haber encarnado al padre de Anthony Hopkins en Lo que queda del día) y el casi irreconocible Matthew Macfadyen (el Mr. Darcy de la versión para pantalla grande de Orgullo y prejuico) en particular. 

A la hora de los reproches, surgen básicamente dos. El primero tiene que ver con la decisión de deslizar cierto discurso aleccionador sobre lo que significa ser buena persona más allá de algunas elecciones que hagamos en la vida. El segundo apunta a un desenlace previsible y conciliador/condescendiente.

En síntesis, Muerte en un funeral es un título altamente recomendable para los amantes del humor irreverente, en este caso, por momentos negro, por momentos escatológico, por momentos despiadado. Quienes en cambio no compartan la afición harán bien en dar un paso al costado, y en última instancia esperar al estreno de la próxima comedia romántica protagonizada por el siempre vacilante -pero también siempre efectivo- Hugh Grant.