Bluff

BluffAunque sin alcanzar el nivel de Nueve reinas o El golpe, Bluff coquetea con un juego de identidades y situaciones comparable con las «trampas» que idearon los más ingeniosos Fabián Bielinsky y George Roy Hill. De hecho, la película escrita y dirigida por Felipe Martínez nos invita a presenciar una historia de estafas y enredos cuyos personajes intercambian constantemente los roles de víctima y victimario. Sin dudas lo más gracioso del caso es que, en esta particular crónica de la viveza criolla colombiana, el protagonista es un fotógrafo… argentino.

Lo más gracioso o lo más bochornoso, según cómo se mire. De hecho, el Nicolás que compone nuestro compatriota Federico Lorusso tiene muchos de las defectos que conforman la peor imagen de nuestro ser nacional.

Al margen de este detalle, el largometraje retrata con sentido del humor la corruptela, la hipocresía, el machismo, la violencia que conviven en tierras de don Uribe. Por supuesto, la elección del personaje argento sugiere que las taras mencionadas no son exclusivas de un solo país latinoamericano.

Básicamente Bluff comparte con las mencionadas Nueve reinas y El golpe el mismo punto de partida (un proyecto de venganza) y la presentación de algunos buenos gags (por ejemplo, la anécdota casi final con el tambor de una pistola, o el detalle de que la inescrupulosa Alexandra termine convirtiéndose en actriz de telenovela). Lo que en cambio no supo heredar de sus antecesoras es la capacidad para pergeñar un epílogo que impacte y sorprenda al espectador de un modo original y legítimo.

No importa. Aún a pesar de esta falencia, el largometraje de Martínez cumple con su cometido principal: entretener, y de paso ridiculizar algunas delicias de nuestra idiosincrasia colombiana, argentina, latinoamericana en general.