Desafío multiple-choice

El domingo pasado tomé la siguiente foto en una de las esquinas del cruce entre la avenida Congreso y la calle Zapiola, barrio de Coghlan/Núñez/ Belgrano según el mapa de la ciudad de Buenos Aires que consultemos. 

Foto tomada el domingo 13 de abril a la tarde en una esquina de Congreso y Zapiola

Aunque en principio claro como el agua, este graffiti puede dar pie a distintas especulaciones respecto de sus autores. Enumero las hipótesis principales emulando el formato multiple-choice, y los invito a señalar la que les resulte más convincente o más cercana a sus propias especulaciones.

Coghlan/Núñez/Belgrano son barrios caceroleros. El graffiti es una simple expresión de desahogo pergeñada por gente bien, probablemente por jóvenes entusiastas que invocan temores ancestrales para congraciarse con sus mayores y plantarse frente a lo que consideran el bando enemigo.

Coghlan/Núñez/Belgrano son barrios con importante población militar/castrense. Las huestes de Cecilia Pando anduvieron haciendo de las suyas. El graffiti deja entonces de ser una simple expresión de desahogo para convertirse en síntesis de un proyecto a ¿corto?, ¿mediano?, ¿largo? plazo.

Coghlan/Núñez/Belgrano son barrios caceroleros, pro-campo, anti-Gobierno. Los muchachos kirchneristas se infiltran en terreno adverso y escriben una provocación digna de quienes ellos identifican como «oligarcas». De esta manera, alimentan los rumores sobre las intenciones golpistas de ciertos sectores anti-K y demuestran que los temores de nuestra Presidenta son síntoma de lucidez, y no de una mente resentida y paranoide.

Ahora Coghlan/Núñez/Belgrano también son barrios frecuentados por turistas extranjeros. El graffiti es obra de un creativo oportunista que pretende explotar viejas antinomias nacionales como anzuelo histórico/sociológico para atraer a viajeros desprevenidos, ávidos por estudiar/comprender -en palabras de Marcos Aguinis- «un país de novela«. 

Los vecinos de Coghlan/Núñez/Belgrano son educados, considerados, correctos, pro, indiferentes a la sucia política y a un pasado que -según sostienen- debe quedar atrás. En realidad, el graffiti es obra de una blogger inescrupulosa, dispuesta a todo -incluso a pintarrajear una pared- con tal de conseguir una buena excusa (foto) para escribir, publicar y desafiar.