Mi vecino Rico

Rico carapintada; Rico intendente; mi vecino RicoMi vecino Rico es mucho más que la musa inspiradora de una simple pregunta. Si algún escritor, dramaturgo o cineasta lo descubriera, probablemente querría observarlo/estudiarlo para luego inventar un personaje parecido, y convertirlo en referente digno de nuestras obras autocríticas más grotescas.

En honor a la verdad, ignoro el nombre de mi vecino. Lo llamo Rico porque se desgañita igual que aquel líder (¿?) del movimiento carapintada devenido en intendente de San Miguel. La misma voz nasal; la misma inflexión por momentos amanerada; la misma violencia para pontificar, descalificar y amenazar; la misma intolerancia ante todo lo que le resulta diferente.

Lo vi una sola vez a este otro Rico. A la distancia, desde el living de casa. Su cabeza asomaba por la ventana hacia el pulmón de manzana. Una cabeza blancuzca, sin cuello, pelada, coronada por una estrecha franja capilar (como los laureles de Julio César, pero peluda y grisácea). Anteojos culo de botella. 

El grito, la orden, la puteada siempre a flor de labios. Lo vi una sola vez pero, créanme, siempre lo escucho. Todas las noches, de lunes a viernes. En cualquier momento, los sábados, domingos y feriados.

Mi vecino Rico odia e insulta de una manera visceral a Cristina y a Néstor, a los kirchneristas, a los peronistas, a los montoneros; a los zurdos, marxistas y comunistas; a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a los Hijos también; a los trolos, travestis y putas; a los chinos y coreanos; a los negros de la villa, a los negros del interior, a los negros de África, a los negros de alma; a los judíos sionistas y a los terroristas árabes.

Eso sí. Mi vecino es admirador incondicional de Mirtha. También de Luis y de Sandro pero, de lejos, la Legrand ocupa el primer lugar. “¡Mirá qué linda era Mirtha!”, “¡Mirá qué elegante está Mirtha!”, “¡Vuelve el programa de Mirtha!”, “¡Qué bien le queda ese color a Mirtha!”, “¡Qué Señora es Mirtha!”.

A mi vecino teleadicto le gusta mirar viejas películas protagonizadas por su actriz fetiche, y algunos clásicos del cine nacional. También lo entusiasman las noticias de accidentes y crímenes. Cuanto más sangre y morbo, mejor.

Cuando está de buen talante, este otro Rico canta. Según la ocasión entona las estrofas del himno nacional, o los versos más recordados del dúo Pimpinela. Logra inspirar ternura cuando se esmera en interpretar ambas partes del diálogo entre los cuasi incestuosos Lucía y Joaquín.

Mi vecino Rico es mucho más que la musa inspiradora de una pregunta y de un post. Este otro Aldo también resulta un fiel exponente de un tipo de argentino que -aún en condiciones de convivencia forzosa- conviene ignorar.

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PD. Casualidades mediáticas, justo antes de publicar este post me entero por TN de que ayer o esta mañana (no me quedó muy claro) operaron del corazón al verdadero Aldo Rico. Más información, aquí.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

8 respuestas a “Mi vecino Rico

  1. A propósito de este post, tendremos la visita de Estela Carlotto este fin!! Curiosamente no sabía lo que significaba trolo y creo que lo he escuchado varias veces en el cine: “Trolo is an Argentine Slang for a homosexual man or a transvestite. Usually derogative and harsh pretty much like the english “fag” (Urban Dictionary)

  2. Un rico tipo tu vecino, Spectatrice.
    Lo recuerdo bien porque en el post donde lo presentaste yo hice tres comentarios, y en el ùltimo neguè haber dicho lo que dije en el primero…Un papelòn importante.

    Saludos

  3. La definición de trolo es exacta, Chris. En cuanto a Estela, se ha convertido en una suerte de embajadora de las Abuelas de Plaza de Mayo. Ojalá le vaya bien en su visita.

    ¡Jajajaja! Es cierto, Adivinador. Pero, bueno, son cosas que pasan. 😉

  4. A tu Rico me lo imaginé com a una tortuga malhumorada y con esa típica corona de César de la que hablás. Claro, agradable un personaje así no es. Pero tiene lo suyo: inspira! Veamos el lado positivo de las cosas 😦

    Besos -a tu vecino no, seguramente me incluye dentro de alguno de sus grupos intolerables…

  5. Que inspira, inspira, Ceci. Ahora bien… ¡Ojalá mi vecino fuera tortuga! Es que, si por algo se destaca el arrugado animalejo, es justamente por su silencio. 😛

    Hacés bien en no saludarlo. Seguro que, por el sólo hecho de ser mujer -y de no ser Mirtha-, ya estás unos escalones abajo en su escala de valores trasnochados.
    Besos para vos. 😉

  6. jajajaja…
    Tu vecino es un PERSONAJE digno de salir en AMELIE (en esos flashes cortos en los que cuentan y describen cómo es la persona). Casi puedo imaginármelo con la voz en off leyendo tus palabras. ^_^

    xxx!

  7. No te equivoques! De chica tuve una tortuga, Pamela, que además de comer exquisitas uvas “chinche” de la parra de mis abuelos -pelándolas y sacándoles las semillitas-, responder a su nombre con carreras hacia quien la llamara y conocer palabras como “querés torta?”, era una buena chillona! Sus alariditos nos resultaban muy graciosos, tan sonora la chiquitita!

    Se parecen más de lo que creés. Aunque preferiría la compañía de Pamela, por supuesto. Ella no discriminaba ;P

    Saludos!!

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