El novio de mi madre

El novio de mi madreA simple vista, El novio de mi madre es una comedia romántica que dispara algunos darditos contra una sociedad cada vez más obsesionada con el sueño de la juventud eterna. Aquí no faltan los guiños sobre la presión que la televisión ejerce en este sentido, sobre los estragos que causan las cirugías estéticas, sobre el alcance de un estándar de belleza que se extiende a los universos infantil y masculino, sobre la proliferación de los desórdenes alimenticios, sobre los prejuicios que condenan a las mujeres en pareja con hombres mucho más jovenes. Aunque no venga demasiado a cuento, una niña también ironiza sobre las elecciones que ganó Bush Jr.

A simple vista, la película de Amy Heckerling -la misma que escribió el guión de Ni idea– está llena de buenas intenciones. Entre ellas, cuestionar/ridiculizar la supuesta creatividad de quienes trabajan para la caja boba, demostrar el sinsentido de la carrera contra el paso del tiempo, subrayar el valor de la autoestima y la confianza en el amor, señalar lo que realmente importa en la vida, y de paso subirse a la nueva ola anti-Georgie.

El problema de este film es, justamente, la inconsistencia de sus intenciones. Por lo pronto, resulta contradictorio que un alegato «pro-age«, reticente a los ideales de belleza y juventud eternas, dispuesto a sugerir la peligrosidad de una cultura hedonista en exceso, gire alrededor de un personaje con los atributos físicos de la siempre atractiva Michelle Pfeiffer.

Desde este punto de vista, el trabajo de Heckerling produce un discurso un tanto esquizofrénico. Por un lado muestra una y otra vez el rostro perfecto y el cuerpo privilegiado, ambos dignos de Gatúbela; por el otro pretende liberarnos del prototipo estético que los medios convierten en modelo inalcanzable para el resto de los mortales. Por un lado bromea acerca de quienes ocultan su verdadera edad; por el otro exige que una actriz de cincuenta años interprete a una mujer de cuarenta.

Curiosamente, la guionista y directora no comete el mismo error con el ex marido de la protagonista Rosie, a cargo de Jon Lovitz, ni con la Madre Naturaleza encarnada en Tracey Ullman. A lo mejor, la película habría sido más honesta si estos actores hubieran conformado a la pareja protagónica.

A simple vista, El novio de mi madre puede pasar por una comedia medianamente entretenida, incluso bien actuada (aquí cabe mencionar la participación de Saoirse Ronan, cuya Izzie es radicalmente opuesta a la pequeña Briaony de Expiación, deseo y pecado). Eviten mirarla con atención, ni siquiera se detengan en el título original (I could never be your woman), y con suerte saldrán ilesos del fatídico doble discurso.