Cristinismo por un rato

Antes de desarrollar el título de este post, quisiera hacer tres aclaraciones para evitar posibles suspicacias y malentendidos. A saber…

1.- No soy kirchnerista. Desde una perspectiva laboral y personal, conozco los defectos del gobierno dirigido primero por Néstor y ahora por su esposa Cristina. Defectos que, sin ánimo de excusar a nadie, suelen caracterizar a la gran mayoría de nuestra dirigencia política. Me refiero al verticalismo, al paternalismo, a la falta de autocrítica, a la incompetencia, a cierto cholulismo.

2.- No soy peronista. Considero que a mediados del siglo XX Perón y el justicialismo tuvieron todo en sus manos para llevar adelante una verdadera revolución social y económica, capaz de convertirnos en una potencia a la altura de otros países “jóvenes” como Canadá y Australia. Sin embargo, esta oportunidad fue totalmente malograda.

3.- En contra de ciertas acusaciones publicadas en este mismo blog, no soy marxista. Tampoco leninista, stalinista ni comunista. Sí, en cambio, me siento identificada con cierta postura contraria al capitalismo que rige el siglo XXI, con cierta corriente revisionista capaz de cuestionar la Historia que nos contaron en la escuela, con la intención de mantener cierto sentido crítico respecto de lo que difunden y editorializan los grandes medios de comunicación, con la necesidad de recordar y señalar la existencia de personas explotadas, marginadas, ignoradas, condenadas a perpetuidad.

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Cristinismo por un ratoHechas estas salvedades, hoy estoy en condiciones de definirme como cristinista. Cristinista de la última hora porque, en honor a la verdad, no voté a nuestra Presidenta. No la voté por temor a los efectos de la continuidad K y porque -sabrán perdonar la fragilidad del siguiente argumento- siempre me irritó la parafernalia del botox, las extensiones, las compras compulsivas. De la última hora porque la conversión se produjo en estas últimas semanas o días, en pleno contexto de enfrentamiento entre -tal como simplifican los medios- “el campo y el Gobierno”.

En síntesis, me convertí en cristinista por efecto rebote, por mérito propio de nuestra mandataria, y a pesar de los reparos que tengo respecto de algunos miembros del entorno presidencial.

Por efecto rebote
En su gran mayoría, quienes estos días cortaron rutas y calles “en defensa del campo” son los mismos que exigen mano dura para los piqueteros y cartoneros que molestan con sus reclamos y asentamientos en la vía pública. Los mismos que se rasgan las vestiduras ante las bravuconadas de Luis D’Elía, y que en cambio no dicen ni “mu” (valga la onomatopeya) ante los exabruptos de Cecilia Pando. Los mismos que, en el mejor de los casos, sacaron sus cacerolas cuando el corralito de 2001 pero permanecieron (permanecen) indiferentes ante atropellos mucho más nefastos. Los mismos que vociferan y agitan carteles contra “la dictadura K”, y que callaron durante la (verdadera) dictadura instaurada entre 1976 y 1983.   

Dadas estas circunstancias, la conversión al cristinismo es casi inevitable. Una reacción instintiva. Una respuesta a tono con cierta conciencia que permite distinguir entre principios/intereses propios y ajenos.

Por mérito propio
Los argentinos estamos acostumbrados a los discursos imprecisos, inexactos, vacíos o ambivalentes. Por eso solemos confundir precisión y contundencia con arrogancia y violencia. Por eso, las palabras de Cristina suenan para muchos a provocación, a soberbia, a intolerancia.

Probablemente estas personas se quedan con la forma discursiva -es decir, con ciertas impostaciones de voz, con ciertos gestos, con cierta acentuación en vocales y consonantes- y olvidan prestarle atención a lo realmente importante: el contenido. Me refiero a la articulación de datos y argumentos. Desde este punto de vista, los discursos de la Primera Mandataria resultan pertinentes, fundamentados, coherentes, impecables.

Cristina responde con altura y con coraje a los insultos de quienes ejecutan y apoyan el lockout agrario. De esta manera, no sólo respeta y reivindica su condición de mujer y su investidura presidencial sino la responsabilidad que significa lidiar con el disenso en un sistema democrático.

Por ciertos reparos
Más “peligrosos” que D’Elía (si es que D’Elía es realmente “peligroso”) me parecen otros integrantes del entorno K, entre ellos los pendencieros Aníbal y Alberto Fernández, el plenipotenciario Julio De Vido, el camaleónico Hugo Moyano, el inexperimentado Martín Lousteau, el inocuo Julio Cobos. Cada uno contribuye a su modo con la sensación de inestabilidad institucional que algunos sectores buscan fomentar para que esta crisis coyuntural se transforme en caos estructural.

Este marco interno se transforma entonces en el tercer agente de conversión al cristinismo. Aunque sea por un rato, mientras dure este nuevo enfrentamiento entre argentinos que, en definitiva y lamentablemente, no deja de reflotar viejas -aunque aparentemente vigentes e insuperables- antinomias.

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María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

16 thoughts on “Cristinismo por un rato

  1. Coincido con vos en muchos sentidos. Yo sí la voté, pero no había votado a Kirchner. Vivo en Palermo y el primer día del cacerolazo sentí impotencia, bronca. Sobre todo por el mamarracho que encontré en la esquina de mi casa. Estoy segura de que más de la mitad de las personas no sabía qué estaba apoyando. Me acerqué y pregunté. Sólo me respondieron con agravios al enterarse de que yo estaba de acuerdo con las retenciones móviles. Leí en La Barbarie, un blog que recomiendo, que “más que solidaridad interclases es síndrome de Estocolmo.” y ahdiero.
    También me molesta que se quejen de la pobreza y la indigencia cuando después hablan de “negros villeros, analfabetos y chorros”.

    Yo esta vez apoyo a Cristina. Y desde mi humilde opinión (soy profesora de inglés, trabajo en escuelas estatales de villa fiorito e ingeniero budge) queda mucho por hacer, pero por lo menos admito que desde 1998 hago trabajo social y noto un cambio ampliamente favorable, los niveles de indigencia y pobreza bajaron, es un hecho.

    Muy buen post.

  2. Comprendo lo que planteás pero no estoy de acuerdo. Aunque lo vivo desde afuera y se me pueden escapar algunas cosas, yo creo que ella, con su discurso guerrero y demagógico, ha contribuido a encender los ánimos dormidos en esa lucha entre pobres y ricos, en lugar de conciliar y buscar la unión y la paz social, que deberían ser sus cometidos. Además, me sigo resistiendo a “elegir el mal menor” que, según entiendo en tu texto, sería apoyar a Cristina porque los otros están actuando incluso peor que ella.
    Saludos.

  3. Spectatrice…Sabès? Por distintos motivos no estoy posteando ni comentando, pero sì leyendo algunos pocos blogs, el tuyo entre ellos. En la marea mayoritaria y furiosa de anticristinismo grosero que inunda buenos aires yo tengo opiniones cercanas a las tuyas y me aterra exponerlas para que me contesten estos gorilas gritones.

    Pero me pareciò que debìa saludar tu honestidad intelectual . Como aporte al debate, te comento que me diò mas tristeza que bronca ver tanta gente hablando de ” la perra, la puta, estos montoneros se tienen que ir…” , que no tenian idea sobre la discusiòn de fondo ( impuestos, ese fue el motivo para largar y levantar el paro ) , que apoyaron piquetes tan salvajes como nunca se vio en el paìs, y que – como siempre – intentan negar que lo que no se bancan es el resultado de las elecciones.

    Un abrazo, Spectatrice. Si puedo escribir algo sobre esto, serà por tu estìmulo, entre otras cosas.

  4. Me pasó lo mismo que a vos, Adivinador. Yo también anduve recorriendo la blogósfera vernácula y quedé espantada ante la publicación de muchos posts escritos sin una argumentación sólida, sin una verdadera intención de debate y en cambio plagados de insultos y de acusaciones retrógradas que, como diría Laura, encienden los “ánimos dormidos” (para mí no lo están tanto) de viejas antinomias: llámense pobres vs. ricos, peronistas vs. anti-peronistas, izquierda vs. derecha, procesistas vs. progresistas. Dada esta realidad, también tuve miedo de exponer mi opinión porque no quiero que Espectadores se convierta en otro espacio de incomunicación, donde abundan los insultos y escasea la reflexión.

    Finalmente decidí publicar esta entrada, primero, porque no puedo dejar de escribir sobre lo que me gusta, me interesa, me preocupa, me apasiona, me entristece, me enoja; segundo, porque estoy convencida de que el diálogo y el disenso no son tan incompatibles como muchos se empeñan en demostrar; tercero porque detesto sentirme presa de la autocensura.

    Estuve entrando con regularidad a tu blog para ver si habías publicado algo sobre el enfrentamiento entre -vuelvo a citar a los medios- “el campo y el Gobierno”. Ojalá en algún momento lo hagas; me gustaría conocer tu opinión.

    Mientras tanto, en función de tu comment y los de Agostina y Laura, amplió lo que escribí ayer…

    No quise votar a Cristina después del mandato de su esposo Néstor porque, si bien creo que el crecimiento de un país necesita de una continuidad política sólida y coherente, también pienso que los argentinos tendemos a confundir “continuidad política” con “continuidad partidista o personalista” y -me parece- esta confusión nos costó bastante cara a lo largo de toda nuestra historia .

    Dicho esto, debo aclarar que mi apoyo a Cristina en estas circunstancias no equivale a elegir el mal menor. De hecho, concuerdo con el ajuste de las retenciones y con la necesidad de trabajar a favor de una mejor redistribución de los ingresos y a favor de la inclusión social. De más está decir que estoy absolutamente conforme con la política de derechos humanos.

    No creo que estos conceptos (redistribución de ingresos, inclusión social, derechos humanos) sean demagógicos. No veo demagogia en el discurso de Cristina (de ser así, no causaría tanto escozor). En cambio sí veo demagogia en quienes, como señala Agostina, se horrorizan ante la existencia de pobres e indigentes y después exigen mano dura contra los “negros villeros”.

    Insisto en que estamos acostumbrados a los discursos imprecisos, inexactos, vacíos o ambivalentes. Por eso solemos confundir precisión y contundencia con arrogancia y violencia y, por eso, las palabras de nuestra Presidenta suenan para muchos a “guerreras” como dice Laura.

    Para terminar, me pregunto cómo hay quienes se indignan ante la supuesta violencia discursiva de la Presidenta (escribo “supuesta” porque Cristina convocó a un diálogo multisectorial honesto, y a construir una nueva Argentina a partir de la bisagra que significa el bicentenerario de la Revolución de Mayo) y sin embargo apoyan, excusan o ignoran discursos como los de la ya mencionada Pando y la violencia que significa provocar una situación de desabastecimiento en detrimento de todos los ciudadanos.

    Un saludo a los tres.

  5. Paradojas (o parajodas?)
    La “oligarquía” acusa al gobierno de “chavista”, “castrista”, “montoneros”, o sea “zurdos”, “comunistas”.
    Pero el campo se hizo rico vendiéndole a la China comunista y ayudando a afianzar su poderío económico.
    Ta’ bien, para los negocios no hay bandera, eso lo sabemos.
    Yo soy Cristinista de la primera hora, desde antes que fuera la “primera ciudadana”. ¿Afinidad política? ¿Verticalismo? ¿Confluencia partidaria?
    Nada de eso, sino algo más terrenal y frívolo: estoy perdidamente enamorado de ella.
    Y sufro cuando la atacan por el solo hecho de ser mujer.
    Estuvimos gobernados por “machos” que nos trajeron desgracias, guerras, desunión y por la derecha que nos abofeteó sin misericordia.
    Una mina progre puede ser lo que estábamos necesitando.

  6. Evidentemente vos, Spectatrice, y muchos de tus lectores, escriben y opinan desde la esperanza. Y yo, irremediablemente, la perdí hace tiempo con la clase política argentina. Ojalá, de corazón, sea yo la equivocada. Saludos a todos.

  7. Spectatrice paso por acá como siempre aunque hace muchísimo que no te comento, como imaginarás “no puedo” pasar por alto este post.

    He optado por reir, afortunadamente estoy dentro del grupo que puede hacerlo.
    No quiero pararme en los extremos, no voy a hablar ni de “discurso guerrero” ni caer en los exabruptos de D’elía (no sé si alguien tuvo la suerte de escuchar su monólogo en el programa de Fernando Peña la semana pasada.

    Entre ambas realidades algo está claro, no es la Presidenta quien está despertando o incentivando el rencor entre las clases sociales.
    Ese rencor existió, existe y existirá.
    Aparece con más o menos fuerza según la ola política que estemos atravesando y según las normas de corrección del momento, que en este país cambian cada lustro.

    Quienes por razones laborales, estudiantiles o simplemente amistosas estén en diario contacto con gente del grupo que “está con el campo” podrá coincidir conmigo en que NADIE tiene idea de lo que está apoyando.
    Esta causa es un chivo expiatorio para dejar salir la bronca (¿?) hacia el actual gobierno. No importa mucho la causa: política de derechos humanos, machismo, gorilismo, envidia, chicanas, no importa.
    He recorrido varios grupos de estos que se han formado en apoyo al campo y no hay ni una SOLA explicación de nada, son sólo insultos a Cristina Fernández y a su marido.

    Me pregunto (o mejor dicho recuerdo) cuando ciertos grupos piqueteros del interior tenían la ¡loca idea! de cortar rutas. Como salían todos en Buenos Aires a reclamar por su derecho a la libre circulación (eran épocas vacacionales, claro) y exigían que había que meterlos presos a todos (cuando no matarlos) ¿y ahora qué pasa? ¿dónde están todos esos preceptos?
    No deja de sorprenderme nuestra frágil memoria o la rapidez con la que nos acomodamos según pegue el viento.

    Así como otra lectora más arriba comentó su desazón con la clase política, yo la extiendo, la base es otra: creo que la gente, las PERSONAS están mal orientadas y sus valores están enraizados en lugares poco fértiles.
    Siempre que haya que indicar errores ajenos y lo primero que venga a la mente para remarcarlo sea el color de piel, la orientación sexual, la religión y todas las diferencias que nos diferencian (afortunadamente son muchas) estamos en problemas…

  8. Hola, Spectatrice. Tres comentarios:
    – No voy a criticarte ciertas perspectivas, porque me enganché con tu blog desde la amistosa diferencia. Es decir, no estoy de acuerdo y punto.
    – Sin embargo, no puedo dejar pasar la comparación entre D’Elia y otros K. Creo que son distintos tipos de violencia y que compararlas por su ‘peligrosidad’ confunde las cosas.
    – Celebro toda confesión de fugaces posturas políticas.
    Saludos.

  9. Me siento identificado con todo lo que escribiste en este post, Spectatrice. Yo tampoco soy kirchnerista ni peronista ni comunista pero en este conflicto apoyo a Cristina por una cuestión de “conciencia” como bien decís. También me parecieron copados los comentarios de Agostina y Ana y el post que Adivinador escribió en su blog.

    Además quiero comentar algo de lo que dice JM. Creo que es necesario distinguir entre la “peligrosidad” de un tipo como D’Elía y la “peligrosidad” de los miembros del entorno presidencial que mencionás. Yo a D’Elía lo veo como un bocón, como un tipo sin la instrucción necesaria para estructurar un pensamiento civilizado o políticamente correcto. Le pasa como a Maradona o, por distintos motivos (por el dolor de perder a dos hijos y a una nuera), como a Hebe de Bonafini: vomitan sus palabras pero del dicho al hecho hay muchísimo trecho.

    Los dichos de D’Elía son, como bien decís, Spectatrice, “una bravuconada”, y el famoso puñetazo que retransmitieron todos los medios, una respuesta a un insulto. Con esto no quiero exusar ni la lamentable frase “no tengo problema en matar a todos los oligarcas” o algo por el estilo, ni el puñetazo al tipo de la puteada (no fue puteada en realidad, el agredido taladró al agresor con la frase “dejá de robar”). Pero creo que esta actitud patoteril fue sobredimensionada por los medios y por -otra vez coincido- los que callan los exabruptos y la violencia del lockout agropecuario.

    A mí también me preocupan más los Julio De Vido o Aníbal/Alberto Fernández, porque tienen un poder de decisión real en cuanto al manejo del país. Se trata de un entorno nefasto que, a mi juicio, envicia los objetivos de redistribución de las riquezas y de inclusión social.

    Decididamente, el tema da para un largo debate. Por lo menos tu post supo convocar a algún tipo de reflexión.

    Un saludo.

  10. Dèlia dice que declarò “los oligarcas no tendrìan problemas en matarnos a todos ” y que la frase fue tergiversada por Minuto Uno. de Gelblung. Sigue siendo un energùmeno, pero no hay grabacion de la supuesta frase tan incorrecta.

    Igual, ya quedò en la memoria popular lo que dijeron los medios: Ese es el problema, me parece.

    Saludos

  11. Spectatrice, te banco a muerte en prácticamente todo lo que decís en este artículo.

    Tampoco soy peronista, ni Kirchnerista, ni la voté a Cristina, pero definitivamente la apoyo en este conflicto con el agro. Me deprimió mucho ver a algunos sectores de la clase media caceroleando, y a la tergiversación tendenciosa que hicieron los medios, casi exclusivamente desde la oposición.

    Las medidas progresistas, por pequeñas que sean, siempre son vistas como “demagogia” por una derecha que no puede comprender que se hagan cosas si no es en beneficio individual.

    Qué bueno leer este post tuyo. La verdad, tenía curiosidad hace varios días por saber qué ibas a opinar, y me levantaste el ánimo. Muchos de mis amigos están en la boludez con este tema (y no digo boludez por “equivocados”, digo boludez por NO TENER IDEA. Me harté del discurso “los K son autoritarios”; la gente que dice eso rara vez puede justificarlo con hechos concretos… son cosas que leyeron en el diario y que repiten como loros. Me deprime mucho)

    –Andrés

  12. Aargh, quise decir, “Andran” soy yo. Bueh, me rindo, no entiendo cómo ordena los comments wordpress 😛
    –Andrés

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